Regnum Christi Internacional

Psicología, fe y salud mental: una mirada desde SEEK26

La conversación del P. Charles Sikorsky, L.C. con el P. Mike Schmitz tuvo lugar durante SEEK26, el encuentro organizado por FOCUS (Fellowship of Catholic University Students – Comunidad de Estudiantes Universitarios Católicos).
Psicología, fe y salud mental: una mirada desde SEEK26

En el marco de SEEK26, uno de los encuentros católicos universitarios más relevantes de Estados Unidos, se llevó a cabo una conversación de fondo sobre uno de los desafíos más urgentes de nuestro tiempo: la salud mental de los jóvenes. El diálogo reunió al P. Charles Sikorsky, L.C., rector de Divine Mercy University, y al P. Mike Schmitz, sacerdote diocesano ampliamente conocido en Estados Unidos por su labor de evangelización y acompañamiento de universitarios. ¿Cómo integrar la ciencia psicológica y la visión cristiana de la persona? ¿Qué horizonte debe guiar hoy el acompañamiento terapéutico en un mundo marcado por la ansiedad y la incertidumbre?

Una universidad que integra psicología y antropología cristiana

Divine Mercy University (DMU) es una institución católica de posgrado con sede en Sterling, Virginia (Estados Unidos), que forma parte de la Red Internacional de Universidades Regnum Christi. Está especializada en la formación de psicólogos y consejeros a nivel de maestría y doctorado, con una propuesta académica que integra el rigor de la psicología científica con una antropología cristiana sólida, abierta a la vida espiritual y a la acción de la gracia.

Desde esta visión, el P. Charles Sikorsky, L.C., explicó que la misión de la universidad católica consiste en formar profesionales capaces de unir «lo mejor de la ciencia con lo mejor del entendimiento católico de la persona», ayudando a otros a abrirse a la voluntad de Dios sin negar la complejidad real de los procesos psicológicos. Se trata de una formación que no separa la técnica de la fe, sino que busca comprender a la persona humana en toda su unidad: corporal, psíquica, relacional y espiritual.

Psicología, fe y salud mental: una mirada desde SEEK26
SEEK es uno de los encuentros católicos universitarios más relevantes de Estados Unidos. (Crédito de la imagen: P. Brett Taira, L.C.)

SEEK26: fe, formación y preguntas decisivas

La conversación tuvo lugar durante SEEK26, el encuentro organizado por FOCUS (Fellowship of Catholic University Students – Comunidad de Estudiantes Universitarios Católicos), celebrado a inicios de enero de 2026 en Estados Unidos. SEEK reúne cada año a decenas de miles de jóvenes, universitarios, consagrados y laicos para vivir días de formación, oración y encuentro, con una fuerte impronta misionera.

En esta edición, muchas de las reflexiones estuvieron marcadas por una preocupación compartida: cómo acompañar a los jóvenes en un contexto cultural atravesado por la ansiedad, la presión constante y la dificultad para proyectarse hacia el futuro. En ese marco, la intervención del P. Mike Schmitz aportó una mirada pastoral directa, nacida de años de experiencia en el ministerio universitario.

Psicología, fe y salud mental: una mirada desde SEEK26
La misión de la universidad católica consiste en formar profesionales capaces de unir lo mejor de la ciencia con lo mejor del entendimiento católico de la persona. (Crédito de la imagen: Regnum Christi Norteamérica)

Ansiedad, miedo y una generación sobrecargada

Desde su experiencia, el P. Mike señaló que la salud mental se ha convertido en una de las principales preocupaciones en los campus universitarios. Recordó que desde hace aproximadamente una década la ansiedad ha superado a la depresión como el problema de salud mental más diagnosticado entre estudiantes en edad universitaria.

A su juicio, esta realidad responde a una combinación de factores: la salida del hogar por primera vez, la presión académica, el descubrimiento de límites personales inesperados y, sobre todo, una profunda incertidumbre ante el futuro. Muchos jóvenes llegan a sentirse atrapados por la pregunta más básica: «¿cómo gestiono la vida?». En un mundo que cambia constantemente y ofrece pocas certezas, ese miedo puede llegar a dominar la experiencia interior hasta resultar paralizante.

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Para DMU es importante acompañar a los jóvenes en un contexto cultural atravesado por la ansiedad, la presión constante y la dificultad para proyectarse hacia el futuro. (Crédito de la imagen: P. Brett Taira, L.C.)

Sistemas desbordados y acompañamiento insuficiente 

El diálogo también abordó las limitaciones de los servicios de asesoría en muchas universidades. Ambos coincidieron en que los centros de atención psicológica suelen estar saturados, con largas listas de espera y tiempos de acompañamiento muy reducidos. No es raro, explicó el P. Mike, que un estudiante tenga que esperar semanas para una cita breve, sin continuidad real.

A esta situación se suma una preocupación de fondo: no siempre es posible garantizar que el acompañamiento ofrecido esté en sintonía con una visión cristiana de la persona. Cuando falta una antropología clara, advirtió, la terapia corre el riesgo de perder su orientación y su objetivo profundo.

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El P. Mike Schmitz constata que muchos jóvenes llegan a sentirse atrapados por la pregunta más básica: ¿cómo gestionar la vida? (Crédito de la imagen: P. Brett Taira, L.C.)

¿Qué se entiende por el bien de la persona?

Uno de los núcleos de la conversación giró en torno a la importancia de una antropología cristiana sólida. Desde esta perspectiva, comprender qué es el bien de la persona exige saber primero quién es y qué entendemos por persona. Sin esa claridad, el proceso terapéutico puede quedar atrapado en un esfuerzo constante sin dirección, o incluso reforzar dinámicas que no conducen a una vida plena.

El P. Mike Schmitz subrayó que el amor, entendido cristianamente como desear y elegir el bien del otro, requiere una visión verdadera de la persona humana. Cuando esa visión se diluye, la terapia pierde su horizonte y deja de ser un camino hacia la libertad interior.

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Comprender qué es el bien de la persona exige saber primero quién es y qué entendemos por persona. (Crédito de la imagen: P. Brett Taira, L.C.)

El objetivo último de la terapia

A partir de esta reflexión, el P. Charles Sikorsky, L.C. planteó una pregunta decisiva: ¿cuál es, en último término, el objetivo de la terapia? Desde la visión que propone Divine Mercy University, la respuesta es clara: ayudar a las personas a llegar a ser plenamente aquello que Dios quiere para ellas.

Las barreras psicológicas, explicó, no son simplemente disfunciones que hay que eliminar, sino obstáculos que interfieren con la capacidad de amar a Dios y a los demás. El trabajo terapéutico busca disminuir esas barreras para que la acción de Dios pueda ocupar el lugar central y la persona pueda desplegar plenamente su vocación al amor, cuyo horizonte último es la santidad.

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La propuesta de Divine Mercy University es ayudar a las personas a llegar a ser plenamente aquello que Dios quiere para ellas. (Crédito de la imagen: Regnum Christi Norteamérica)

Sanación, heridas y la lógica de la cruz

La conversación se adentró también en una comprensión más profunda de la sanación. Frente a la idea de que estar sanado equivale a estar completamente «reparado», sin heridas ni fragilidades, el P. Mike Schmitz propuso una visión más realista y profundamente cristiana.

A veces, señaló, el objetivo no es que la herida desaparezca, sino aprender a amar y a vivir incluso en medio de ella. Al evocar la experiencia de san Pablo y su «aguijón en la carne», recordó que hay cruces que no se eliminan, pero que pueden convertirse en lugares de gracia. Aunque es necesario hacer todo lo posible, a nivel humano, para eliminar obstáculos, la condición marcada por el pecado original implica que la lucha forma parte del camino.

Santidad en medio de la fragilidad

Una experiencia pastoral compartida y significativa por los padres fue la de una residencia universitaria femenina, donde algunas jóvenes se cuestionaron la santidad de Santa Catalina de Siena ante la hipótesis de que hubiera padecido un trastorno psicológico. Más allá de la veracidad histórica de esa afirmación, la pregunta de fondo resultó reveladora: incluso si fuera cierto, ¿qué cambiaría?

La respuesta apuntó al corazón de la fe cristiana: Dios no espera una vida sin heridas para obrar la santidad. Muchos santos han vivido con fragilidades reales y, aun así, han permitido que la gracia transformara su historia en un camino de amor y esperanza. No se trata de resignarse a la miseria, sino de descubrir que incluso en medio de la cruz, Dios permanece presente y actúa.

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