Regnum Christi International

Tres notas del Papa León XIV desde la parábola del Buen Samaritano para la Jornada Mundial del Enfermo

Al proponer de nuevo la figura del Buen Samaritano, el Papa León XIV no ofrece una consigna, sino un estilo de vida: fraterno, valiente, incluyente y comprometido.
Tres notas del mensaje del Papa León XIV para los enfermos

En el camino que desciende de Jerusalén a Jericó, donde la vida puede quedar tirada al borde del sendero, el Papa León XIV sitúa de nuevo el corazón de la fe cristiana. No como una idea ni como una exhortación abstracta, sino como una escena concreta: alguien herido, otros que pasan de largo y un hombre que se detiene. Desde esa imagen evangélica, el mensaje para la XXXIV Jornada Mundial del Enfermo propone una manera de mirar, acercarse y amar que interpela profundamente a la Iglesia y a la sociedad contemporánea. No se trata solo de cuidar, sino de amar cargando con el dolor del otro. A continuación, tres notas destacadas del mensaje del Papa.

1. Detenerse: el encuentro como primer acto de caridad

La primera nota que atraviesa el mensaje es la centralidad del encuentro. En un mundo marcado por la prisa, la eficiencia y el descarte, el samaritano rompe la lógica dominante: no pasa de largo. Se detiene. Y ese gesto, aparentemente sencillo, inaugura todo lo demás.

Para el Papa, la compasión cristiana comienza siempre por una mirada que reconoce, por una presencia que se acerca y por un tiempo que se dona. No es una caridad distante ni organizada desde arriba, sino una cercanía concreta que implica exponerse, tocar las heridas y dejarse afectar. El samaritano no solo ve al herido: lo mira con los ojos de Cristo y esa mirada lo convierte en prójimo.

Tres notas del mensaje del Papa León XIV para los enfermos
«El cristiano se hace prójimo del que sufre, siguiendo el ejemplo de Cristo». (Crédito de la imagen: Juventud y Familia Misionera México)

En esta clave, el mensaje recuerda que nadie “es” prójimo por definición: uno se hace prójimo cuando decide amar. La cercanía no depende de la afinidad, de la pertenencia ni de la utilidad, sino de una elección interior que nace del Evangelio. Allí donde alguien se inclina ante el dolor del otro, Cristo vuelve a hacerse presente y el encuentro se transforma en un regalo compartido.

2. Compartir el cuidado: la compasión como misión comunitaria

La segunda nota característica del mensaje subraya que la compasión no es un gesto aislado ni heroico, sino una misión compartida. El samaritano cura, carga y acompaña, pero también busca al posadero y confía el cuidado a otros. La caridad auténtica, recuerda el Papa, siempre genera un “nosotros”.

En el cuidado de los enfermos —en las familias, en los hospitales, en las comunidades, en la pastoral sanitaria— la compasión adquiere una dimensión social y eclesial. No se reduce a la buena voluntad individual, sino que se encarna en redes de relaciones en las que cada uno aporta lo que es y lo que tiene. Así, el cuidado se convierte en una verdadera acción de la Iglesia, capaz de revelar la salud espiritual de una sociedad entera.

Desde su experiencia pastoral en Perú, el Papa evoca a quienes, como el samaritano y el posadero, sostienen silenciosamente la vida de los más frágiles: familiares agotados, vecinos atentos, profesionales de la salud, agentes pastorales. En ese tejido humano se manifiesta una verdad profunda: el dolor del otro no es ajeno; es el dolor de un miembro del propio cuerpo. Y cargarlo juntos ya es una forma de comunión.

3. Amar desde Dios: la raíz que sostiene todo encuentro

La tercera nota conduce al fundamento último de todo el mensaje: el primado del amor a Dios. Para el Papa León XIV, no hay verdadera compasión cristiana sin esta raíz. Amar al prójimo, cuidar al enfermo, acompañar al que sufre no son simples deberes éticos, sino la expresión concreta de una relación viva con Dios.

Tres notas del mensaje del Papa León XIV para los enfermos
«Encendidos por ese amor divino, podremos realmente entregarnos en favor de todos los que sufren, especialmente por nuestros hermanos enfermos, ancianos y afligidos». (Crédito de la imagen: Juventud y Familia Misionera México)

El doble mandamiento del amor aparece así como una unidad inseparable: quien ama a Dios aprende a amar al otro y, en ese mismo movimiento, aprende también a amarse rectamente a sí mismo. No desde criterios de éxito, rendimiento o reconocimiento, sino desde la dignidad recibida como don. En la relación —con Dios y con los demás— la persona humana se descubre y se realiza.

Por eso, servir al enfermo no es un añadido opcional a la vida cristiana, sino un verdadero culto, una liturgia vivida en lo cotidiano. Allí donde alguien se inclina con amor sobre el dolor del hermano, Dios permanece y su amor alcanza a plenitud.

Al proponer de nuevo la figura del Buen Samaritano, el Papa León XIV no ofrece una consigna, sino un estilo de vida: fraterno, valiente, incluyente y comprometido. Un estilo que nace de la fe en Jesucristo y se traduce en gestos concretos de cercanía, cuidado y entrega. En un mundo herido, la Iglesia está llamada a no pasar de largo, sino a amar llevando el dolor del otro, con la certeza de que en ese camino también se juega su propia fidelidad al Evangelio.

Lee here el mensaje del Papa para la Jornada Mundial del Enfermo 2026.

Share the news

Related news

All the latest news every week
in RC News

Scroll to Top

Your prayer sustains this journey
Accompany the Assemblies and the General Chapter by offering an hour of Eucharistic adoration.