Regnum Christi Internacional

Misiones en Sierra Leona, cuando la caridad lo entiende todo y lo supera todo

Esta experiencia en Sierra Leona no fue una anécdota aislada ni una iniciativa improvisada. Surgió de una inquietud compartida, se confirmó mediante el discernimiento y se sostuvo en una comunidad misionera. Una experiencia que recuerda que, cuando se trata de misionar, la caridad sigue siendo el primer lenguaje y el criterio más elocuente.
Misiones en Sierra Leona: la caridad lo entiende y lo supera todo

¿Qué sucede cuando una inquietud nacida entre jóvenes se convierte, casi sin buscarlo, en una experiencia misionera en uno de los países más pobres del mundo? ¿Qué permanece cuando la lengua no alcanza, la cultura es otra y la fe se vive en minoría? A partir de una iniciativa impulsada por jóvenes del Regnum Christi en México, un pequeño grupo vivió durante julio de 2025 una misión en Sierra Leona, en el continente africano, que los confrontó con la pobreza, la fragilidad y, sobre todo, con la fuerza silenciosa de la caridad como lenguaje universal de la fe.

El P. José Pablo Poblete, legionario de Cristo chileno, de 35 años, lleva cuatro años trabajando con jóvenes en México. De esa cercanía nació una propuesta tan directa como inesperada: salir de las misiones habituales y dar un paso más. La idea surgió en diciembre de 2023, cuando un joven responsable de misiones de la sección de Guadalajara Sur le propuso viajar a África. No había un país definido ni un plan concreto. Solo el deseo de vivir una experiencia exigente, capaz de dejar huella.

Ese mismo día ocurrió algo decisivo. Al regresar a su comunidad, el P. Poblete compartió la conversación y su superior le comentó que una familiar fue misionera en Sierra Leona y, sin más, le ofreció el contacto. La coincidencia — la inquietud expresada por la mañana y la posibilidad concreta abierta esa misma tarde — fue leída como una confirmación. A partir de ahí, el proyecto dejó de ser una idea genérica para convertirse en un camino posible.

El contacto condujo a una comunidad de misioneras clarisas en Sierra Leona, quienes acogieron la propuesta con una condición clara: la misión debía durar al menos quince días para que la experiencia fuera real y no superficial. Finalmente, tras cerca de un año de preparación y convocatoria, siete personas viajaron del 1 al 16 de julio de 2025 a la ciudad de Lunsar, en el interior del país, a unas tres horas de Freetown.

Una Iglesia en primera línea, sostenida por lo esencial

Lunsar es una ciudad de unos 40.000 habitantes, mayoritariamente musulmana, cuyas condiciones de vida son extremadamente precarias. No existe una red eléctrica estable y la vida cotidiana depende, en gran medida, de la luz del sol. La comunidad misionera que los recibió está formada por catorce hermanas — mexicanas, africanas y una religiosa japonesa con décadas de presencia en el país —, que sostienen una obra educativa con más de 1.200 niñas, además de un trabajo pastoral constante con las comunidades locales.

Misiones en Sierra Leona: la caridad lo entiende y lo supera todo
Esa experiencia, aunque solo duró 17 días, permitió asomarse a una realidad permanente para quienes habitan allí. (Crédito de la imagen: P. José Pablo Poblete, L.C.)

Las misioneras cuentan con algunos paneles solares que, únicamente cuando hay sol, permiten cargar baterías básicas: encender un par de ventiladores por la noche, conservar algo de comida en un pequeño refrigerador, lavar ropa o cargar un teléfono. Cuando llueve, simplemente no hay energía. El calor, la humedad y la oscuridad forman parte de la rutina diaria.

La alimentación es muy limitada. Durante los diecisiete días de la misión, el grupo siguió la dieta habitual del lugar: arroz, verduras y, de manera excepcional, algo de pasta. La carne es prácticamente inexistente; solo en contadas ocasiones comen pollo. Aun cuidados con generosidad por las hermanas, experimentaron lo que vive la mayoría de la población: hambre y una sensación constante de escasez.

Esa experiencia, aunque solo duró 17 días, permitió asomarse a una realidad permanente para quienes habitan allí. La pobreza no es una circunstancia pasajera, sino una condición estructural que afecta de manera especial a los niños: falta de alimento, enfermedades frecuentes, elevada mortalidad infantil y acceso muy limitado a la atención médica.

En ese contexto, la misión fue una verdadera inmersión. Incluyó la colaboración en la escuela, el apoyo a la parroquia, visitas a otras comunidades educativas y salidas semanales a la selva para anunciar el Evangelio. Más que una actividad añadida, fue una forma de compartir — aunque de manera breve y parcial — las mismas condiciones de vida que enfrenta la población local.

Sierra Leona figura entre los países con los menores indicadores de desarrollo humano. Esa realidad no se comprende solo a través de cifras ni de diagnósticos generales: en la fragilidad de la salud, en la precariedad de la alimentación y en la escasez de recursos que marcan la vida cotidiana.

Misiones en Sierra Leona: la caridad lo entiende y lo supera todo
Los misioneros fueron con una clara condición: la experiencia debía durar al menos quince días para que fuera una vivencia real y no superficial. (Crédito de la imagen: P. José Pablo Poblete, L.C.)

La caridad como lenguaje común, más allá de los idiomas y la religión

En un contexto mayoritariamente musulmán, la evangelización no pasó por discursos elaborados, sino por gestos sencillos. El primer reto fue incluso el idioma. En Sierra Leona conviven varias lenguas: el inglés — herencia colonial y lengua oficial —, el krio, hablado por buena parte de la población, y el temne, predominante en las zonas rurales y en la selva.

Durante las visitas a comunidades fuera de la ciudad, el grupo anunciaba el Evangelio mediante la parábola del Buen Samaritano. El mensaje se proclamaba en inglés y se traducía al temne por un intérprete; en otros contextos, algunas de las hermanas lo hacían en krio. Mientras se narraba el pasaje, los misioneros lo representaban de forma teatral.

La reacción era siempre la misma. Niños y adultos, más allá de la lengua que hablaran, identificaban sin dificultad quién había obrado el bien. Esa experiencia fue reveladora: cuando las palabras no alcanzan o requieren mediación, la caridad se vuelve comprensible para todos.

Esa constatación se repitió una y otra vez: la caridad supera idiomas, culturas y religiones. Desde ahí se abrían las puertas al diálogo, a la oración compartida, a la cercanía. Gestos simples — jugar al fútbol, compartir dulces, bailar juntos — se convertían en espacios de encuentro reales.

Rostros que permanecen, en la vulnerabilidad compartida

Entre las experiencias que marcaron la misión, hay algunas que no se olvidan. Una de ellas fue el encuentro con una niña pequeña que, tras sufrir una malaria grave en la infancia, quedó con graves secuelas físicas. Su familia, sin recursos, la dejaba con frecuencia en la escuela para que pudiera comer en la casa de las hermanas. Las religiosas la acompañan, la alimentan y la ayudan a permanecer en el sistema educativo, aun sabiendo que no podrán cambiar radicalmente su destino.

Misiones en Sierra Leona: la caridad lo entiende y lo supera todo
La pobreza en Sierra Leona no es una circunstancia pasajera, sino una condición estructural que afecta especialmente a los niños. (Crédito de la imagen: P. José Pablo Poblete, L.C.)

Ahí, quizá no se trata de salvar el mundo, sino de salvar todo el mundo de alguien, como la vida de esa pequeña. Esa lógica concreta, silenciosa y constante define buena parte del trabajo misionero cotidiano.

Caminando con la Virgen por las calles del pueblo: oración y misión

La llegada al país también quedó registrada como un signo. El grupo viajó desde México a Bélgica y, desde ahí, tomó el único vuelo europeo regular con destino a Sierra Leona, una ruta que solo opera cada pocos días. Tras aterrizar en Freetown y recorrer varias horas por carretera hasta Lunsar, fueron recibidos por las misioneras clarisas con cantos y tambores.

La bienvenida no fue solo un gesto cultural. Entre los cantos, las hermanas entonaron La Guadalupana, acompañada por el ritmo de los tambores africanos, uniendo de manera espontánea dos mundos y dos tradiciones en un mismo acto de fe. Después de ese primer encuentro, la comunidad los llevó directamente a la capilla.

Allí, ante el sagrario, la presencia silenciosa de Cristo marcó el verdadero inicio de la misión. Aun estando lejos de casa, en un país desconocido y exigente, la luz encendida junto al altar ofrecía una certeza compartida: la misión comienza siempre desde la adoración y la comunión.

Esta experiencia en Sierra Leona no fue una anécdota aislada ni una iniciativa improvisada. Surgió de una inquietud compartida, se confirmó mediante el discernimiento y se sostuvo en una comunidad misionera que lleva años realizando misiones de evangelización. Una experiencia que recuerda que, cuando se trata de misionar, la caridad sigue siendo el primer lenguaje y el criterio más elocuente.

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