En esta Cuaresma y aproximándonos a la Semana Santa, el Colegio Directivo General ha enviado una carta a todos los misioneros que se preparan para las misiones de evangelización. El mensaje es una invitación a vivir este tiempo litúrgico como una oportunidad para anunciar y vivir la esperanza con un corazón dispuesto a servir.
La carta parte diciendo que «nuestro mundo hoy necesita testigos que anuncien con su vida que Cristo ha sufrido, ha muerto y ha resucitado, transformando la realidad y los corazones de quienes lo encuentran». Y que ser misioneros de esperanza implica asumir algunos compromisos como llevar esperanza donde más se necesita, renovar nuestra esperanza y ser testigos de la esperanza en el mundo.
En el contexto del Jubileo de la Esperanza, el mensaje del Colegio Directivo General anota que es a través del apostolado de Juventud y Familia Misionera donde se busca responder al mandato de Cristo: «Vayan y hagan discípulos a todas las naciones» (Mt 28,19). Donde «cada encuentro, cada conversación y cada gesto de servicio es una oportunidad para que la esperanza renazca en quienes han perdido la fe o se sienten alejados de la Iglesia».
Las misiones de evangelización no se limitan a los días de Semana Santa; sino que más bien es un estilo de vida. «Ser misioneros de la esperanza es un compromiso diario, un estilo de vida, una llamada que nos invita a llevarla luz de Cristo a nuestra familia, a nuestro trabajo y a nuestra comunidad», indica la carta. Se trata de vivir con la mirada atenta a los demás, con la disposición de quien ha encontrado a Cristo y quiere compartirlo no solo con palabras, sino con obras y presencia.
El mensaje concluye con una invitación: a salir «con confianza, con la mirada puesta en Cristo y el corazón dispuesto a servir», porque «allí donde vayan, Él ya los espera y camina con ustedes».
Sobre Juventud y Familia Misionera
Las misiones de evangelización son, ante todo, una experiencia del encuentro con Cristo en el rostro del otro, especialmente en quienes viven solos y necesitados. Esta es la experiencia que desde hace más de cuatro décadas miles de jóvenes y familias han vivido a través del apostolado de Juventud y Familia Misionera.
El origen de estas misiones se remonta a 1981, cuando un grupo de jóvenes del Regnum Christi organizó por primera vez una misión de Semana Santa en México. Aquella primera experiencia no solo tocó las vidas de quienes fueron misionados, sino que transformó positivamente a quienes salieron a misionar. Lo que comenzó como una pequeña iniciativa local se convirtió en el nacimiento de un apostolado evangelizador que hoy se extiende por 24 países y ha movido a unos 50 mil misioneros, según la web de Juventud y Familia Misionera internacional, uniendo a personas de todas las edades que desean compartir su fe de forma sencilla, cercana y comprometida.
Como cada año, las misiones son una invitación para todos, una oportunidad para renovar la fe desde la acción, para descubrir a Dios en el otro, y para dejar que el Evangelio vuelva a ser noticia en la vida real.