En el centenario de la Jornada Mundial de las Misiones — instituida en 1926 por Pío XI — el Papa León XIV propone a toda la Iglesia un camino de renovación misionera bajo el lema: «Uno en Cristo, unidos en la misión». Después del Año Jubilar, su invitación no es organizativa ni estratégica, sino espiritual y eclesial: volver a la fuente, reavivar el fuego de la vocación misionera y avanzar con corazones reconciliados, comunidades unidas y plena docilidad al Espíritu Santo.
Estos son los cinco ejes que articulan su mensaje:

1. La misión nace de la unión con Cristo
El Santo Padre sitúa el centro en la oración de Jesús: «Que todos sean uno» (Jn 17,21). La Iglesia no se entiende a sí misma sino desde la comunión trinitaria que la origina y la sostiene. Ser cristianos significa permanecer en Cristo, como los sarmientos en la vid, participando de su relación filial con el Padre en el Espíritu Santo.
De esa unión brota la comunión entre los creyentes y nace toda la fecundidad misionera. Como enseñó san Juan Pablo II, la comunión es fuente y fruto de la misión. Por eso, la primera responsabilidad misionera es custodiar la unidad espiritual y fraterna, especialmente en un tiempo marcado por polarizaciones y desconfianzas que debilitan el testimonio. La credibilidad del anuncio comienza por un corazón reconciliado.

2. La unidad está al servicio de la fe del mundo
La unidad no es un fin en sí misma. Jesús la pide «para que el mundo crea». Una comunidad fraterna y solidaria hace visible la fuerza transformadora del Evangelio. León XIV retoma el lema del beato Paolo Manna — «Toda la Iglesia para la conversión de todo el mundo» — para recordar que ningún bautizado es ajeno a la misión.
En continuidad con el magisterio del Papa Francisco, subraya que la evangelización es siempre una acción coral, comunitaria y sinodal. La unidad misionera no significa uniformidad, sino convergencia de carismas en torno a un solo Señor, una sola fe y un solo bautismo. Allí donde se superan las fragmentaciones y los protagonismos, el anuncio recupera su fuerza.

3. Las Obras Misionales, signo concreto de comunión
El Papa expresa su gratitud por el servicio de las Obras Misionales Pontificias, que sostienen la cooperación misionera en toda la Iglesia. La Obra de la Propagación de la Fe, la Infancia Misionera, la Obra de San Pedro Apóstol y la Unión Misional Pontificia forman una red de oración y caridad que une a comunidades de todos los continentes.
Estas Obras Misionales no solo canalizan ayudas económicas, sino que también alimentan una conciencia misionera que abarca a niños, jóvenes y adultos, y recuerdan que cada comunidad local participa en una misión universal. En ellas se hace visible que la Iglesia es una, tanto en su servicio a los más pobres como en su compromiso evangelizador.

4. La misión es, ante todo, amor
Si la unidad es la condición, el amor es la esencia. La Buena Nueva no es una teoría, sino el amor fiel de Dios encarnado en Jesucristo. La misión prolonga, en el Espíritu Santo, la misión misma de Cristo: nace del amor, se vive en el amor y conduce al amor.
León XIV agradece a los misioneros y misioneras ad gentes que, siguiendo el ejemplo de san Francisco Javier, han dejado tierra y seguridades para anunciar el Evangelio. Evoca también el ardor de san Francisco de Asís y de santa Teresa del Niño Jesús, recordando que el mundo sigue necesitando testigos que muestren que el amor de Dios es más fuerte que cualquier barrera.
En un contexto en el que con frecuencia «el Amor no es amado», el Papa llama a toda la Iglesia a dejarse contagiar por ese amor y a transmitirlo a los cercanos y a los lejanos.

5. Una Iglesia que ora, sostiene y camina unida
El mensaje culmina en una llamada concreta: unirse a la misión mediante el testimonio coherente de vida, la oración constante por las vocaciones misioneras y el apoyo generoso en la Jornada Mundial de las Misiones. Cada don, incluso el más pequeño, se convierte en un gesto real de comunión misionera.
En el año en que se cumplen cien años de esta Jornada, el Papa León XIV recuerda que la misión no es una actividad añadida a la vida eclesial, sino su expresión más propia. Cuanto más unidos estemos en Cristo, más creíble será nuestro anuncio y más fecunda será nuestra entrega. Bajo la mirada de María, Reina de las misiones, la Iglesia avanza confiada para que el mundo reconozca en Cristo la luz que salva.
Lee aquí el mensaje del Papa León XIV para la Jornada Mundial de las Misiones 2026.



