Durante las cinco semanas de trabajos capitulares, los 60 padres reunidos en el Capítulo General se sintieron sostenidos por la cercanía y la oración de los miembros laicos del Regnum Christi. Desde distintos lugares del mundo llegaron mensajes, detalles fraternos y plegarias que acompañaron cada jornada de escucha y discernimiento. En esa comunión concreta se hizo visible que la misión no se vive en solitario, sino como familia espiritual que camina unida.
En la carta dirigida a todos los miembros laicos, los padres expresan su «profundo agradecimiento por tantos gestos de cercanía» y por las oraciones ofrecidas durante estos días. Reconocen que esos signos, quizá pequeños a los ojos humanos, han sido un consuelo espiritual y un recordatorio constante de que la Iglesia y su misión son siempre mayores que cualquier reflexión humana.
Valoran también la respuesta generosa de tantos laicos al llamado de Dios a vivir su compromiso cristiano en medio de las realidades temporales: en la familia, en el trabajo y en el entramado social y cultural donde transcurre la vida cotidiana. Ese esfuerzo perseverante por seguir a Cristo más de cerca, por ser levadura allí donde Dios los ha colocado, no pasa desapercibido y se convierte en un estímulo para quienes han asumido la responsabilidad de guiar este momento de la Congregación.
«Su entusiasmo en el amor, su celo apostólico y su perseverancia nos han motivado profundamente», escriben. El testimonio de quienes eligen a Cristo en medio de las exigencias ordinarias — con responsabilidades familiares, compromisos profesionales y límites personales — interpela e impulsa a una entrega más convencida.
Una misión compartida que continúa
Los padres capitulares animan a los miembros laicos a perseverar en su vocación y en su misión: «Les pedimos que continúen siendo apóstoles y formadores de apóstoles, líderes cristianos al servicio de Jesucristo, la Iglesia y la sociedad. No se detengan en el camino. El mundo en el que viven los necesita, y la familia espiritual del Regnum Christi también».
Con estas palabras, renuevan la conciencia de que cada vocación aporta un don propio e insustituible. El Regnum Christi crece cuando esa diversidad se vive en comunión y se traduce en corresponsabilidad apostólica.
Los padres capitulares encomiendan a los laicos al Espíritu Santo, que ha guiado sus trabajos durante el Capítulo, y les recuerdan que su vocación es un don precioso para la Iglesia. Como afirma san Pablo, «tenemos dones diferentes según la gracia que nos ha sido dada» (Rm 12,6), y cada uno está llamado a poner ese don al servicio del Reino.
Aquí puedes leer la carta completa.
Crédito de la imagen de portada: Legionarios de Cristo



