Soy Maria Helena D’Ancora, casada con Massimo Bompiani y madre de dos hijos, Luca y Pedro D’Ancora Bompiani. Vivimos en São Paulo. Como familia, hemos recibido el don de ser miembros del Regnum Christi. En este camino hemos descubierto cómo el ECYD puede convertirse en un verdadero apoyo para la vida familiar y la educación de los hijos. Mirando hacia atrás, después de más de dos décadas acompañando el recorrido de nuestros hijos, surge una convicción profunda: ¿cómo influye una experiencia apostólica en la vida de una familia? ¿Puede el ECYD convertirse en un camino que marque el corazón de padres e hijos para toda la vida?
Mi historia con el ECYD comenzó hace 30 años, cuando conocí el Regnum Christi. Una consagrada me invitó a ser monitora del primer campamento de niñas en São Paulo y así empezó mi trayectoria. Con el tiempo fui comprendiendo que el ECYD, con su estilo de vida, podía ayudar a los adolescentes a aspirar a ser jóvenes profundamente enamorados de Cristo y, de este modo, transformar su entorno.
Me fui involucrando cada vez más: participé en distintas actividades, formaciones, retiros y campamentos. Como miembro del Regnum Christi, he colaborado con innumerables apostolados, pero el ECYD nunca dejó mi corazón. Con el paso del tiempo entendí que Dios tenía un plan para mí en el ECYD, aunque entonces no imaginaba lo fructífero y maravilloso que podría llegar a ser.
Hoy, con dos hijos que prácticamente “nacieron” en el ECYD y recorrieron todo su camino dentro de él, puedo decir con claridad que este también era el camino que Dios quería para nosotros como padres, como familia y como miembros del Regnum Christi.
Una familia que crece acompañando a sus hijos
Mi marido y yo venimos de familias católicas. En 2001 nos casamos y en 2002 nació nuestro primer hijo, Luca. Cuando él nació, nos pareció natural pensar que el ECYD podría ser un camino de crecimiento para nuestro hijo y un apoyo para su formación humana y cristiana.
Desde muy pequeño, Luca nos acompañaba a los campamentos del ECYD en los que yo colaboraba, así como a las actividades propias de nuestra vida apostólica: misiones, congresos, cursillos y encuentros de familias.

En 2005 me embaracé, pero por designios que solo Dios sabe, el embarazo no prosperó; pero en 2008 Dios nos bendijo con la llegada de Pedro. Pedro suele presentarse con una frase que siempre provoca risas: «Hola, soy Pedro, tengo 17 años y estoy en el ECYD desde hace… 17 años». Y, en cierto modo, es verdad, porque su primer campamento fue cuando aún estaba en el vientre de su madre.
A lo largo de estos 23 años, hemos podido acompañar a nuestros hijos en momentos muy importantes: la primera comunión, la confirmación, las etapas del ECYD y, finalmente, la decisión de asociarse al Regnum Christi.
El papel de los padres en el camino del ECYD
¿Y cómo lo hicimos nosotros, como padres? Participando, apoyando y haciéndonos presentes.
Yo, de forma muy activa: coordinando actividades, organizando campamentos, impartiendo clases de confirmación y distintas formaciones. Massimo muchas veces nos acompañaba desde la distancia, pero siempre reconociendo el valor de esos momentos.
Fueron años en los que él se quedaba solo en São Paulo durante una semana para que los tres pudiéramos participar en los campamentos. Los chicos primero asistían como participantes y después como monitores y formadores. Yo como formadora y coordinadora.
¿Fue fácil? No. Muchas veces tuvimos que pasar horas en el tráfico de São Paulo para cruzar la ciudad y llegar a la casa del ECYD. Perdimos algunas cenas en familia para que pudieran quedarse un poco más con los demás jóvenes. También tuvimos que cancelar horas de trabajo para participar en actividades que involucraban a padres e hijos, así como para organizar campamentos, misiones o retiros.
Lo que realmente vale la pena
Hubo también lágrimas cada vez que un sacerdote o una consagrada a quienes queríamos cambiaban de localidad porque les pedían otra misión. Hubo momentos en los que el trabajo y la entrega no fueron reconocidos. Hubo cansancio, desprendimiento de tiempo y, sí, como familia, muchos sacrificios.
Pero nunca nos costó entender algo esencial: así es el verdadero amor. Entregarse por aquello que creemos fundamental para la vida de nuestros hijos: su amistad profunda y sincera con Jesucristo.

Como padres, podemos afirmar que no hay buenos frutos si no preparamos la tierra, si no abonamos y si no regamos lo que sembramos. El camino no siempre fue fácil ni bonito. Muchas veces pensamos en desistir, ya fuera por alguna dificultad humana, porque sentíamos que ya no éramos necesarios o simplemente por el cansancio.
Sin embargo, Dios siempre nos hizo comprender que nuestra misión era acompañar hasta el final de este recorrido.
Amistades, fe y camino de vida
De nada sirve ser padres si no asumimos la responsabilidad de ser los primeros en educar a nuestros hijos en la fe. Depende también de nosotros ayudarles a perseverar, a seguir adelante y a no rendirse.
El mundo puede ser hostil y ofrece muchas atracciones que llaman a nuestros hijos con luces muy intensas. Por eso necesitamos ser padres conscientes de que nuestros hijos merecen lo mejor de nuestro tiempo y de nuestra presencia en su crecimiento y en la maduración de su relación con Cristo.
Cuántas veces hemos escuchado a nuestros hijos decir que sus mejores amigos vienen del ECYD. Y para nosotros no es distinto, porque nuestras verdaderas amistades nacieron en el Regnum Christi: amistades que surgieron bajo la mirada de Cristo y crecieron en torno a valores sólidos.
Podemos decir que agradecemos todo lo que vivimos en el Regnum Christi, y que nuestros hijos han vivido desde el ECYD: amistades sinceras, valores auténticos, amor a Jesús Eucaristía, respeto a los sacerdotes y una verdadera vida de familia.
Hoy ellos saben, igual que nosotros, que seguir el camino de Cristo no es fácil. Exige desprendimiento, entrega, humildad, silencio, perdón y, a veces, lágrimas. A veces parece pedirlo todo.
Pero también sabemos que es el único camino que realmente vale la pena.
Porque tener hijos no es solo traerlos al mundo. Es llevarlos de la mano y guiarlos por el mejor camino. Y para nosotros, ese camino siempre ha sido el ECYD.



