Regnum Christi Internacional

El Jubileo de la Esperanza: lo que vivimos y lo que ahora comienza

Al concluir este Año Santo, damos gracias a Dios por el camino recorrido y asumimos el desafío de hacer de lo vivido una experiencia permanente, convencidos de que el Jubileo no termina cuando se cierra una puerta, sino cuando la esperanza se convierte en misión.
El Jubileo de la Esperanza: lo que vivimos y lo que ahora comienza

El Jubileo de la Esperanza llegó a su término con el cierre de la Puerta Santa en la Basílica de San Pedro, en una liturgia presidida por el Papa León XIV el 6 de enero de 2026. Con este gesto se cerró un año que primero fue convocado por el Papa Francisco y que acompañó a la Iglesia como tiempo de gracia, reconciliación y renovación espiritual. ¿Qué nos queda después de cruzar las puertas santas, participar en tantos encuentros y compartir la fe con personas de todo el mundo? ¿Cómo traducir ahora esta experiencia jubilar a la vida cotidiana y al compromiso apostólico?

Para el Regnum Christi, el jubileo no fue una experiencia lejana. A lo largo de estos meses, la familia espiritual participó de manera concreta en diversas celebraciones, caminando con la Iglesia y viviendo la esperanza como experiencia compartida y comunitaria.

Desde Roma hasta las realidades locales, el jubileo se convirtió en un itinerario que unió a consagrados, laicos, jóvenes, familias y educadores, recordándonos que el carisma recibido no se recibe para conservarlo, sino para traducirlo en una misión compartida. Todo esto lo reflejamos en una sección especial del Jubileo.

El cierre de la Puerta Santa no clausura lo vivido. Más bien, acaba de abrir una nueva etapa, en la que cada uno y cada comunidad están llamados a encarnar en la vida cotidiana lo sembrado durante este Año Santo.

El Jubileo de la Esperanza: lo que vivimos y lo que ahora comienza
Los adolescentes del ECYD tuvieron un encuentro internacional jubilar en Roma. (Crédito de la imagen: Regnum Christi Internacional)

Jóvenes y adolescentes: fe que se aprende caminando

Uno de los momentos más significativos fue la participación en el Jubileo de los Jóvenes, en el que más de 1.500 participantes se reunieron en Roma para vivir días de peregrinación, oración, adoración eucarística y encuentro fraterno. En el Colegio Internacional de los Legionarios de Cristo se compartieron testimonios, celebraciones y espacios de formación que reforzaron el sentido de pertenencia a la familia espiritual.

En ese contexto se llevó a cabo el encuentro «¿Dónde está tu hermano? La Doctrina Social de la Iglesia toma la palabra», un foro que ayudó a sus participantes a leer la realidad desde la fe y a descubrir que la esperanza se traduce en responsabilidad ante el dolor de los demás.

Los adolescentes del ECYD también vivieron su jornada jubilar, encontrando espacios pensados para su etapa de vida, donde la experiencia de la Iglesia se expresó en dinámicas de oración, convivencia y celebración.

Estas experiencias dejaron en evidencia que la esperanza se aprende caminando, compartiendo la fe y descubriendo que la misión comienza allí donde cada joven y cada adolescente se sienten acompañados.

El Jubileo de la Esperanza: lo que vivimos y lo que ahora comienza
Las vocaciones consagradas del Regnum Christi viviendo el año jubilar de la esperanza en San Pedro. (Crédito de la imagen: Regnum Christi Internacional)

Consagrados, comunicadores y servidores del Evangelio

El Jubileo de la Vida Consagrada fue una ocasión para redescubrir la grandeza de una vida entregada totalmente a Dios, no como una renuncia, sino como una forma de plenitud que da sentido a la misión en la Iglesia.

En el Jubileo de las Comunicaciones, el Regnum Christi reflexionó sobre la urgencia de tender puentes, de comunicar con verdad y de anunciar la fe en un mundo marcado por la fragmentación y la desconfianza, asumiendo la comunicación como un servicio y no como un simple instrumento.

Los diáconos participaron en el jubileo, poniendo de relieve el valor del servicio silencioso y constante, y recordando que su ministerio nace del altar y se prolonga en la caridad concreta con los más necesitados.

Este Jubileo de la Esperanza permitió visibilizar la riqueza de las distintas vocaciones que sostienen la vida de la Iglesia, muchas veces lejos de los focos, pero siempre en el corazón de la misión.

El Jubileo de la Esperanza: lo que vivimos y lo que ahora comienza
El Jubileo de los Artistas fue una oportunidad para redescubrir el arte como camino de oración, contemplación y misión. (Crédito de la imagen: Regnum Christi Internacional)

Creatividad, catequesis y trabajo como caminos de esperanza

El Jubileo de los Artistas abrió un espacio para reconocer que la belleza es un lenguaje que puede conducir al encuentro con Dios. Artistas deRegnum Christi de las cuatro vocaciones compartieron cómo el arte se convierte en un modo de anunciar el Evangelio y de plantear preguntas en una cultura que a menudo ha perdido el sentido de lo trascendente.

En el Jubileo de los Catequistas se renovó el compromiso de celebrar, anunciar y testimoniar la fe, recordando que la transmisión del Evangelio se sostiene en la fidelidad cotidiana de hombres y mujeres que acompañan procesos de fe durante años.

El Jubileo de los Trabajadores puso el foco en la dignidad del trabajo y en la posibilidad de vivir la fe en medio de la rutina diaria. El testimonio de Maju mostró cómo cada tecla, cada esfuerzo y cada tarea pueden convertirse en un espacio de evangelización.

Estacelebraciones ayudaron a comprender que la esperanza no es un sentimiento abstracto, sino una manera concreta de vivir el arte, la catequesis y el trabajo como parte de una misma misión.

El Jubileo de la Esperanza: lo que vivimos y lo que ahora comienza
Las familias también tuvieron un momento destacado durante el Año Jubilar. Un caminar juntos en la fe, la esperanza, el amor y la misión. (Crédito de la imagen: Regnum Christi México)

Familias, pastores, educadores y la pastoral carcelaria

El Jubileo de las Familias fue una invitación a caminar juntos, a redescubrir la fe en la vida cotidiana y a comprender que la unidad familiar es un signo de esperanza para la sociedad.

Obispos, sacerdotes y seminaristas celebraron su vocación como un servicio al Evangelio, reafirmando que el ministerio se sostiene en la entrega y la cercanía al pueblo de Dios.

El Jubileo del Mundo Educativo nos recordó que educar en humanidad, fe y esperanza es una de las tareas más decisivas para el futuro de la Iglesia y de la sociedad. Fue una oportunidad para celebrar el mundo educativo en el Regnum Christi en sus colegios y universidades.

Por último, el Jubileo de los Presos mostró uno de los rostros más conmovedores de este Año Santo, recordando que, en la pastoral carcelaria, la misericordia alcanza incluso los lugares más marcados por el sufrimiento y el olvido.

Al concluir este Año Santo, damos gracias a Dios por el camino recorrido y asumimos el desafío de hacer de lo vivido una experiencia permanente, convencidos de que el Jubileo no termina cuando se cierra una puerta, sino cuando la esperanza se convierte en misión.

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