Regnum Christi Internacional

Introducción

«¡Señor, enséñanos a orar!»

Hoy, en comunión con los primeros discípulos, dirigimos esta sú-plica al Maestro: «Señor, enséñanos a orar» (Lc 11, 1). Jesús, en respuesta, nos enseña el Padrenuestro y nos relata la parábola del amigo inoportuno. Nos indica qué rezar y nos invita a rezar con insistencia, a tiempo y destiempo, para que seamos atendidos: «Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo el que pide recibe; el que busca, halla; y al que llama, le abrirán» (Lc 11, 9-10). Él ha puesto en nuestros corazones el deseo de rezar, de orar mejor, de hacer de nuestra vida una oración, una liturgia; de orar siempre (cf. Lc 18, 1-8) no en el sentido de recitar oraciones a cada hora, sino en el de vivir siempre a la escucha del Espíritu Santo, en presencia de Dios, de forma que todas nuestras actividades sean respuesta a su voluntad, ofrenda a nuestro Señor.

Orar en la escuela de Jesús, en la Iglesia, es el medio cotidiano para el encuentro con el Señor, quien siempre camina y descansa a nuestro lado. Jesús nos espera junto al pozo en la hora más calurosa y seca del día, como fuente de agua que nos sacia, y nos habla: «Dame de beber». Él tiene sed de nosotros y nosotros, aun si no lo sabemos, sed de Dios: «Todo el que beba de esta agua volverá a tener sed; pero el que beba del agua que yo le dé no tendrá sed jamás, pues el agua que yo le dé se convertirá en él en fuente de agua que brota para vida eterna» (Jn 4, 13-14).

Lo que tienes entre manos, Señor, enséñanos a orar (SEO) es un camino de iniciación, una introducción a la vida de oración, para que los laicos del Regnum Christi aprendamos a orar orando, como Iglesia, al estilo del Regnum Christi. Al rezar nos unimos a la oración de Cristo, a su Persona y a su Cuerpo –la Iglesia–, para dirigirnos al Padre, en sinergia con el Espíritu Santo. Disponer de oraciones e indicaciones comunes nos permite sabernos introducidos en la comunión de la Iglesia y del Regnum Christi aun cuan-do rezamos solos; y facilita los tiempos de oración comunitaria.

 

¿Qué es una vida orante?
La oración no es una actividad autónoma e independiente del resto de nuestra vida. Con una vida orante queremos expresar el dinamismo que brota del encuentro personal con Cristo en la liturgia y los sacramentos, que se fortalece en nuestro corazón mediante la oración constante y que se derrama perfumando nuestro mundo entero. Queremos expresar también la permanente escucha al Espíritu Santo, que nos interpela en los acontecimientos cotidianos y pone en nuestro corazón una respuesta para vivirlos como Cristo vivió entre nosotros. La liturgia es el espacio privilegiado del encuentro del hombre con Dios y con su Hijo, que se manifiesta mediante signos –acciones y palabras–, expresión del diálogo y el encuentro de cada quien con Dios en su Iglesia. Encontrarás aquí indicaciones para vivir algunos sacramentos y para llevar su «agua viva» a la oración y a la vida cotidiana. Especialmente, encontrarás referencias al tiempo litúrgico, a los sacramentos de la Eucaristía y la Reconciliación, así como algunas indicaciones para el Encuentro con Cristo en tu equipo y el ritual de asociación al Regnum Christi, para que puedas renovar siempre ese hito en tu historia de amor con Dios y de tu pertenencia al Regnum Christi. La vida orante incluye momentos específicos de oración acompañados de signos externos. Esos signos nos ayudan a rezar también con el cuerpo, permitiendo que la oración alcance todo nuestro ser y obrar, santificándolo. La vida de oración, alimentada por los sacramentos, combate la dureza de nuestro corazón (cf. Sal 95, 8), permitiendo que no seamos nosotros, sino Cristo, quien reine en él (cf. Gal 2, 20). Encontrarás aquí muchas oraciones vocales que son tradición de la Iglesia, como el Padrenuestro; y también las hay particulares del Regnum Christi. Finalmente, la vida orante prolonga los sacramentos y la oración haciendo de nosotros liturgia vivida, que se expresa con algunos signos, presencia del Reino de Cristo: la compasión por los más necesitados, la comunión con nuestros hermanos, obras de caridad y misericordia, el testimonio y la misión, nuevos modos de vivir el matrimonio, la familia y el trabajo, una nueva cultura. Es esa presencia del Reino la que alimenta la espiritualidad del Reino, por la que volvemos a la liturgia, los sacramentos y la oración buscando «revestirnos de Cristo en nuestro corazón y en nuestras obras, para que reine en nuestras vidas por medio de la progresiva configuración con Él», dejándonos «penetrar por el amor de Cristo hacia la humanidad» para que «Él reine en el corazón de todos los hombres y en la sociedad» (EFRC 13). Un círculo virtuoso que culmina en adoración.
¿Cómo está estructurado «Señor, enséñanos a orar»?
La naturaleza y la vida humana tienen un ritmo diario, semanal y anual. La liturgia acompaña ese ritmo, nos enseña a ver la presencia invisible del Reino en el tiempo ordinario de la naturaleza y la vida. Hay oraciones y signos que expresamos todos los días; otros, semanalmente; y otros, en ciertos momentos del año. A menudo, festejamos un día al año para recordar singularmente lo que es importante en cada hora de nuestra vida. De esta forma la oración se torna hábito y el hábito, vida orante. Buena parte de Señor, enséñanos a orar responde a esta estructura natural y litúrgica: el día, la semana y el año articulados desde el día en que celebramos el acontecimiento histórico que transfigura todas las horas: el octavo día, el domingo, día del Señor. Pero la vida está también marcada por ocasiones singulares, situaciones únicas de especial relevancia para nosotros. Al final encontrarás oraciones e indicaciones para esos acontecimientos.
¿Cómo aprovechar al máximo «Señor, enséñanos a orar»?
Estos son siete consejos probados para crecer en la vida de oración:
  • Ponte en presencia de Dios, cae en la cuenta de lo que vas a hacer, prepara el corazón. Busca silencio interior y exterior. Trata de rezar con sentido y con todos los sentidos. Pide ayuda al Espíritu Santo, para que guíe tu mente y llene tu corazón.
  • Acude a la Palabra de Dios, la Sagrada Escritura, ese diálogo constante entre Dios y el hombre. Al iniciar nuestra vida de oración qué mejor que aprender de quien mejor ora, que es Él. Trata de rezar con los mismos sentimientos de Jesús: que sea Cristo quien viva, trabaje y ore en ti.
  • Contempla las palabras y signos de la liturgia, lugar privilegiado de encuentro entre Dios y su pueblo, en el que a la acción de Dios se suma la acción los hombres en perfecta sinergia.
  • Medita de vez en cuando las oraciones vocales. Son expresión de la fe, pero también nutren la fe. Aprende a gustar y renovar su sentido, poniéndolas en relación con tu vida. Trata de que la memoria no sea solo de la letra, sino del espíritu. Recordar es volver a pasar por el corazón.
  • Déjate llevar por Él: no se trata de lo que nosotros hagamos en la oración, sino de lo que Él quiere hacer en nosotros. Se puede no sentir nada, no haber encontrado respuestas y, sin embargo, haber rezado bien. Aunque «nosotros no sabemos pedir como conviene» (Rom 8, 26), Él sabe y está con nosotros.
  • Quizá tardes un tiempo en entrar en oración. No pasa nada. Mantén el silencio y escucha su Palabra. Quizá salgas de la oración de improviso. No es raro. No hay que darle importancia. Trata de volver a entrar.
  • Antes de terminar, busca que la oración se haga vida. Imagina un pequeño propósito que puedas practicar muy pronto, que sea sencillo, realista, firme.
Todo esto se aprende con la práctica personal, el consejo de orantes más experimentados y la oración compartida con otros. Pide consejo a tu director espiritual, busca maestros y compañeros de oración, trata de que el Encuentro con Cristo en tu equipo sea escuela de oración. Encontrarás en la cuarta parte del Catecismo, «Sobre la oración cristiana», una introducción a la vida de oración muy sencilla y completa. Es frecuente que en las rúbricas –textos en rojo– encuentres una invitación a caminar más adentro, a profundizar en la iniciación que aquí ofrecemos. En la vida de oración hay etapas, pero las últimas no cancelan las primeras. Aquí tienes algunas indicaciones que posiblemente te acompañen siempre, pero la vida del Espíritu no acaba en estas páginas. «Oras lo que eres», confiado en que llegarás a ser lo que oras. Oramos como vivimos y vivimos como oramos. Tu modo de rezar cambiará contigo. Aunque los sonidos de las oraciones vocales permanezcan, el Espíritu las renueva y hace que broten de ellas ríos de agua viva. Pidamos este don que el Señor nos quiere dar.
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