El 20 de junio, el hermano alemán Nils Schäfer, legionario de Cristo, profesó sus votos perpetuos en Roma. Un mes después, el 25 de julio, Simon Kempen, también de Alemania, junto con los hermanos españoles José Luis Guerrero y Álvaro García de Alvear, emitieron sus primeros votos en Madrid. Aunque corresponden a etapas distintas de la formación, ambos acontecimientos reflejan un mismo itinerario de discernimiento, crecimiento y entrega al servicio de Cristo y de la Iglesia.
Mientras buena parte de Europa experimenta una creciente secularización, la llamada de Dios continúa encontrando respuesta en jóvenes que descubren en la vida consagrada un camino para seguir a Cristo. Las vidas de quienes acaban de iniciar la vida religiosa y de quienes han realizado su entrega definitiva muestran que una vocación no nace de una decisión improvisada, sino de un proceso que madura con el tiempo.
Los primeros votos marcan el inicio oficial de la vida religiosa de los Legionarios de Cristo. Tras dos años de noviciado, los hermanos Simon Kempen, José Luis Guerrero y Álvaro García de Alvear profesaron públicamente los consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia, dando comienzo a una nueva etapa de formación hacia el sacerdocio.
Para el hermano Nils, en cambio, la profesión perpetua representó la confirmación de una respuesta que comenzó hace más de diez años. Tras su noviciado en Alemania, su formación lo llevó a Estados Unidos, Roma y Chile, antes de regresar a Roma para iniciar los estudios de teología que lo preparan para el sacerdocio.
Aunque las circunstancias sean distintas, los cuatro describen un mismo proceso interior: aprender a reconocer la voz de Dios, responder libremente a ella y dejar que esa respuesta transforme progresivamente toda la vida.
Un camino de discernimiento que conduce a la libertad
Los testimonios de estos jóvenes coinciden en que la vocación se fortalece mediante la oración constante, el silencio interior y el acompañamiento espiritual. Durante el noviciado, los hermanos Simon Kempen, José Luis Guerrero y Álvaro García de Alvear descubrieron que los ejercicios espirituales, la vida comunitaria y la relación personal con Cristo les permitieron confirmar la llamada que habían comenzado a percibir antes de ingresar en la congregación.
El hermano Nils describe un proceso similar. Recuerda que fueron las horas de oración ante la Eucaristía las que le ayudaron a distinguir entre proyectos personales que resultaban atractivos y el deseo más profundo que Dios iba despertando en su corazón. Compartir ese camino con un director espiritual también le permitió afrontar las dudas con serenidad y seguir avanzando.
Los cuatro coinciden en otro aspecto fundamental: la vocación no se impone, sino que se abraza libremente. El hermano Álvaro García de Alvear resume esta convicción en una afirmación sencilla: «Dios no quiere esclavos». El hermano José Luis Guerrero explica su decisión como «la unión de dos voluntades»: la de Dios y la propia.
Con los años, el hermano Nils también descubrió que la vocación es mucho más que responder una vez a una llamada. Comprendió que Dios lo invita cada día a crecer en la capacidad de amar y de entregarse con libertad. Esa perspectiva, afirma, alivió la presión del discernimiento y le permitió confiar cada vez más en la gracia de Dios que en sus propias fuerzas.
Los votos de pobreza, castidad y obediencia aparecen así, en los testimonios de los cuatro religiosos, no como una renuncia que limita la vida, sino como un camino para configurarse con Cristo y vivir con mayor libertad interior al servicio de la misión.

Una formación que prepara para la misión
Después de la primera profesión comienza un proceso de formación humana, espiritual, intelectual y apostólica. La experiencia del hermano Nils permite vislumbrar el recorrido que ahora inician los tres nuevos profesos.
Tras su primera profesión, estudió humanidades en Estados Unidos y filosofía en Roma. Más tarde recibió la encomienda de ir a Santiago de Chile, donde durante tres años acompañó a estudiantes de secundaria y universitarios. Esa etapa marcó profundamente su comprensión del sacerdocio.
Al acompañar a tantos jóvenes, comprobó cómo un encuentro personal con Cristo puede transformar una vida. Entre los recuerdos que conserva destaca el de un estudiante que, después de atravesar una profunda crisis personal, redescubrió la fe durante una peregrinación a la Jornada Mundial de la Juventud y regresó dispuesto a vivirla con entusiasmo. Experiencias como esa fortalecieron su deseo de dedicar su vida al ministerio sacerdotal para ayudar a otros a encontrarse con Cristo.
Los tres nuevos profesos comparten una aspiración similar. Su decisión de profesar los primeros votos nace también del deseo de compartir con otras personas el amor de Dios que ellos mismos han descubierto y de poner sus vidas al servicio de la misión de la Iglesia.
Cristo al centro del camino vocacional
Más allá de las diferencias entre el comienzo de la vida religiosa y la profesión perpetua, todos apuntan a una misma experiencia: el encuentro personal con Cristo.
Los hermanos Simon, José Luis y Álvaro describen a un Cristo cercano, amigo y compañero de camino, cuya presencia les dio paz y confianza durante el noviciado. El hermano Nils, por su parte, afirma que, con los años, ha descubierto cada vez más la paciencia y la misericordia de Dios, comprendiendo que Cristo no espera una perfección inmediata, sino el deseo constante de volver a empezar y dejarse transformar por su gracia.
Esa experiencia también ha enriquecido la forma de entenderse entre personas que llevan un tesoro en vasijas de barro. Los cuatro reconocen que la vocación no elimina las dudas ni las limitaciones personales, pero sí permite vivirlas con una confianza renovada en Dios. No es casualidad que el hermano Simon Kempen y sus compañeros eligieran como lema de su primera profesión las palabras de san Pablo: «Tenemos este tesoro en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros» (2 Co 4,7).
Al mirar su propio camino, ninguno de ellos presenta la vocación como un recorrido exento de preguntas ni de dificultades. Hablan de momentos de incertidumbre, de decisiones importantes y de un discernimiento paciente. Sin embargo, todos coinciden en una misma convicción: vale la pena dedicar tiempo a escuchar la voz de Dios y responder con libertad.
Sus testimonios recuerdan que la vocación continúa siendo una realidad viva también en Europa. Desde los primeros votos hasta la profesión perpetua, el camino sigue construyéndose cada día mediante la oración, el acompañamiento espiritual, la vida comunitaria y el deseo de seguir a Cristo al servicio de la Iglesia.
La presente nota se basó en „Egal was kommt, ich möchte dir, Jesus, treu sein“ y „Ein Schatz – in zerbrechlichen Gefäßen“.
Foto de portada: Hermanos Álvaro García de Alvear, L.C., José Luis Guerrero, L.C. y Simon Kempen, L.C. (Crédito de la imagen: Regnum Christi España)



