El Papa León XIV invitó a contemplar el modo en que Dios actúa en la historia a partir de tres parábolas del Evangelio: el trigo y la cizaña, el grano de mostaza y la levadura.
Las parábolas del Evangelio muestran un modo de actuar muy distinto del que muchas veces esperan las personas. ¿Cómo reconocer la presencia de Dios cuando el mal parece imponerse? ¿Qué actitud necesita un discípulo para colaborar en el crecimiento del Reino? El Papa ofreció tres reflexiones que iluminan estas preguntas.
1. Dios actúa desde la pequeñez y no desde el poder
Al comentar las tres parábolas, el Papa explicó que Jesús presenta un Reino que entra en la historia sin imponerse ni buscar el triunfo inmediato. Dios elige la discreción y la libertad, permitiendo que cada persona acoja o rechace su amor.
«Dios prefiere la pequeñez, signo de su amor discreto, que nos deja libres para acogerlo o rechazarlo», afirmó el Papa, recordando que su acción se asemeja a una semilla diminuta o a la levadura que transforma la masa sin hacer ruido.
Esta lógica invita a descubrir la fuerza del Evangelio en los gestos sencillos de cada día, donde Dios sigue obrando en silencio.
2. El Reino crece con paciencia incluso en medio del mal
El Papa reconoció que con frecuencia las personas desean una intervención inmediata de Dios para erradicar el mal. Sin embargo, Jesús enseña que el Reino continúa creciendo incluso donde conviven el trigo y la cizaña.
Por ello, invitó a desarrollar una mirada capaz de reconocer el bien que brota en medio de la oscuridad, evitando juzgar precipitadamente la realidad o perder la esperanza cuando los frutos parecen tardar en llegar.
Además, recordó que esta paciencia nace de la confianza en que Dios nunca abandona a su pueblo. Aunque su acción permanezca oculta, «Él siempre nos acompaña y su amor siempre actúa en nuestro favor».
3. La Iglesia está llamada a vivir el estilo del Evangelio
El Santo Padre afirmó que el modo de actuar de Dios debe convertirse también en el estilo de vida de los cristianos y de toda la Iglesia.
Esto implica renunciar a imponer las propias ideas mediante el poder o la fuerza, evitar los juicios arrogantes y aprender a servir con humildad. Citando al entonces cardenal Joseph Ratzinger, recordó que la lógica de la semilla no busca el éxito inmediato ni la grandeza, sino hacerse pequeña para servir a la vida de las personas.
De esta manera, cada bautizado puede convertirse en «una pequeña semilla del Evangelio» y en «una levadura de amor» capaz de transformar el mundo desde dentro.
Al concluir el Ángelus, el Papa encomendó este camino a la Virgen María, pidiéndole que ayude a los fieles a acoger la semilla de la Palabra con humildad y a perseverar confiados en la acción constante de Dios.
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(Crédito de la imagen de portada: Vatican News).



