La disminución del matrimonio, el aumento de la cohabitación, los cambios en la composición de las familias y la necesidad de acompañar a las personas en cada etapa de su vida llevaron a cerca de 70 miembros del Regnum Christi de Estados Unidos y Canadá a reunirse a finales de mayo en la University of St. Mary of the Lake, en el área de Chicago, para el primer Simposio de Matrimonio y Familia del Regnum Christi en Norteamérica. Durante cuatro días, lay associates, legionaries of Christ & consecrated del Regnum Christi compartieron la misma pregunta: ¿cómo responder, como familia espiritual y cuerpo apostólico, a las nuevas realidades que viven hoy los matrimonios y las familias?
La realidad de las familias no permite permanecer al margen
El simposio no comenzó hablando de programas ni de iniciativas. Comenzó mirando de frente la realidad.
El P. Aaron Smith, L.C., delegado territorial del Regnum Christi en Norteamérica, presentó diversos datos que delinean el contexto actual de la vida matrimonial y familiar en el territorio. En Estados Unidos, solo el 37 % de los adultos entre 25 y 49 años están hoy casados y tienen hijos, frente al 67 % registrado en 1970. También se abordaron otras tendencias significativas, como el aumento de la cohabitación, el retraso en la edad promedio de contraer matrimonio y la disminución del número de hijos por familia.
Los datos eran muy reveladores. Sin embargo, el encuentro no se planteó ni desde el pesimismo ni desde la nostalgia. «Ante esta realidad, el planteamiento fue si nos encerramos en un búnker y nos quedamos ahí con miedo, si permanecemos en la nostalgia de que todo antes era mejor y hoy no es así, o si salimos al encuentro de las realidades ahí donde están», explica Diana Villarreal, miembro de la pastoral familiar de la dirección general del Regnum Christi.
La respuesta que fue surgiendo durante los días de trabajo apuntó precisamente en esta dirección. La realidad «no la negamos; la conocemos y queremos salir, como cuerpo apostólico y familia espiritual, al encuentro de ella».
Esta mirada marcó el tono de todo el encuentro: reconocer con realismo los desafíos que viven hoy las familias y, al mismo tiempo, descubrir en ellos una llamada apostólica a la acción.

Una invitación que venía de la Convención General
En realidad, las preguntas que llevaron al territorio a convocar este primer simposio habían comenzado a surgir meses antes.
Cuando el Colegio Directivo Territorial de Norteamérica recibió el comunicado de la Convención General de 2024, sus miembros se plantearon dos interrogantes fundamentales: ¿cómo es actualmente el esfuerzo por formar y proyectar verdaderos apóstoles del matrimonio y de la familia en el territorio? ¿Y cómo podría ser dentro de algunos años si esta invitación del Señor se acogiera conjuntamente, no solo de manera individual o local, sino como un territorio entero y como el cuerpo apostólico que es el Regnum Christi?
Estas preguntas dieron origen a la creación de una Comisión de Matrimonio y Familia integrada por matrimonios, legionarios de Cristo y una consagrada del Regnum Christi. Durante cerca de nueve meses, la comisión estudió el panorama completo de los apostolados familiares presentes en el territorio, identificó fortalezas y desafíos y preparó una serie de recomendaciones que fueron presentadas en el simposio.
El proceso permitió descubrir algo que muchos intuían, pero que ahora se mostraba con mayor claridad: el Regnum Christi ya posee una gran riqueza de iniciativas al servicio del matrimonio y la familia. La cuestión era cómo articularlas mejor.

Una riqueza que necesita encontrarse
Uno de los hallazgos más significativos del encuentro fue precisamente descubrir cuánto bien se está realizando ya en distintos lugares y, al mismo tiempo, cuánto desconocimiento existe entre las propias iniciativas.
«Existen enormes oportunidades para trabajar en mayor sinergia y comunicación entre territorios y apostolados, porque podemos enriquecernos mutuamente», afirma Diana Villarreal.
Su reflexión nace también de la propia experiencia. Durante casi una década estuvo al frente de Familia Unida Internacional y reconoce que le habría sido de enorme ayuda conocer previamente algunos programas desarrollados en otros territorios.
«Me hubiera encantado conocer antes el trabajo de la universidad Divine Mercy y su modelo de formación y certificación de terapeutas y counselors. También me habría encantado conocer previamente el trabajo de First Fruits y todo lo que han desarrollado en el ámbito de la educación de los hijos pequeños».

Para ella, estas experiencias revelan la enorme oportunidad que hoy tiene el Regnum Christi para conocerse mejor y aprender de sus propias riquezas.
Una percepción muy similar expresó el P. Adolfo Güémez, L.C., consejero general de los Legionarios de Cristo y conferencista del simposio. «Como Regnum Christi, tenemos una gran riqueza y, si juntáramos todos los programas que tenemos en el mundo, este acompañamiento estaría muy bien resuelto».
Por eso considera que uno de los desafíos más urgentes es avanzar decididamente en la comunión y la colaboración. «Urge generar sinergias y comunicación entre nosotros para compartir estas riquezas».
Esta experiencia se hizo visible incluso en los momentos más informales del encuentro. Durante los descansos, muchos participantes se dirigían espontáneamente a las mesas donde los distintos apostolados habían expuesto sus materiales.
«¿Cómo lo están haciendo ustedes? Nosotros estamos desarrollando esta iniciativa…».
Según Diana Villarreal, el simple hecho de dialogar y conocerse generó un acercamiento muy significativo. «Estoy segura de que quizá ni siquiera lleguemos a conocer muchos de los frutos de esos encuentros, pero serán muchos y muy buenos».

Acompañar a las personas durante toda la vida familiar
A medida que avanzaban las conversaciones, fue apareciendo otro convencimiento compartido: la pastoral matrimonial y familiar necesita ampliar la mirada. No basta con preparar a las parejas para la celebración del matrimonio.
La vocación al amor necesita ser acompañada a lo largo de toda la vida. «Existe una necesidad muy evidente de acompañamiento a los matrimonios. Es algo que se repite sin importar en qué territorio entremos en contacto», señala Diana Villarreal.
Este acompañamiento, explica, debe comenzar mucho antes del noviazgo. «Tenemos que llegar antes. Tenemos la oportunidad de formar y acompañar desde la niñez y la adolescencia, que son las fases remotas de las que habla el Papa Francisco. Es ahí donde ya podemos empezar a hablar de la vocación al amor y a la vocación al matrimonio».
Precisamente los itinerarios catecumenales para la vida matrimonial propuestos por el Papa Francisco a través del Dicasterio para los Laicos estuvieron muy presentes en las reflexiones del simposio. Los participantes reconocieron la necesidad de acompañar de manera gradual y permanente las distintas etapas de la vida: infancia, adolescencia, juventud, noviazgo, primeros años de matrimonio, familias con hijos pequeños, familias con adolescentes, nido vacío, adulto mayor y la experiencia de ser abuelos.
También aparecieron con fuerza otras realidades que requieren un acompañamiento específico, como el de los divorciados. «Todo ello forma parte de la pastoral familiar y requiere una mirada integral y un acompañamiento continuo», afirma Diana Villarreal.
El P. Adolfo Güémez coincide con esta visión y subraya la importancia de ofrecer una preparación sólida para el sacramento del matrimonio. «Es muy importante contar con programas sólidos de preparación para el sacramento del matrimonio que incluyan, en especial, la perspectiva de San Juan Pablo II y su teología del cuerpo».
Pero el acompañamiento no puede concluir el día de la boda. «Es indispensable después acompañarles. Para mí, un medio muy hermoso de hacerlo es invitarlos a formar parte de Matrimonios RC, que no es un apostolado, sino una manera de vivir el Regnum Christi en matrimonio», comenta el P. Adolfo.

Acoger también las heridas
Otro de los temas que se repitieron a lo largo del simposio fue la necesidad de abrazar con cercanía y esperanza las situaciones de fragilidad que atraviesan muchas familias.
«Estamos llamados a salir al encuentro de esta realidad y a no excluir a nadie. Necesitamos brindar programas e iniciativas que respondan y acompañen cada circunstancia que viven las familias», afirma Diana Villarreal.
En este contexto, una de las experiencias que más llamó la atención fue la presentación de una iniciativa de acompañamiento para personas divorciadas. «Creo que en otros territorios necesitamos aprender de esta experiencia y comenzar a asumir un papel más activo para abrazar también esta realidad», señala.
También el P. Adolfo percibe esta necesidad en numerosos lugares. «Un aspecto pastoral que también se repite en muchos lugares es el deseo de acompañar a personas que atraviesan una situación de separación, para ayudarles a vivir con paz, serenidad y esperanza cristiana ese momento tan difícil».
La reflexión del simposio puso de manifiesto que la pastoral matrimonial y familiar está llamada no solo a proponer la belleza del matrimonio cristiano, sino también a acercarse a las heridas concretas que viven muchas personas y familias.

Un cuerpo apostólico al servicio de las familias
Más allá de las conferencias y los grupos de trabajo, uno de los signos más esperanzadores del encuentro fue la experiencia concreta de vivir el Regnum Christi como familia espiritual y como cuerpo apostólico.
Participaron cerca de 50 miembros laicos, además de legionarios y consagradas del Regnum Christi. Más de veinte personas comprometidas en diversos apostolados matrimoniales compartieron sus experiencias y se presentaron dieciocho iniciativas relacionadas con el matrimonio y la familia, la mayoría de ellas dirigidas por laicos.
«Para mí, esto es profundamente esperanzador porque hace palpable que no estamos solos, que caminamos como familia espiritual y también como cuerpo apostólico, saliendo al encuentro de necesidades muy concretas de acompañamiento», afirma Diana Villarreal.
Le impresionó especialmente ver a los miembros laicos desempeñando un papel protagónico en el encuentro. «Se presentaron dieciocho apostolados, casi todos dirigidos por laicos, mientras los padres y las consagradas escuchaban. Me parece un enfoque que imprime un rasgo distintivo a estos nuevos tiempos».
También el P. Aaron Smith, L.C., insistió durante el simposio en esta identidad compartida. «No somos simplemente individuos aislados, cada uno haciendo lo mejor posible para afrontar estas dificultades por su cuenta. Somos un cuerpo apostólico llamado a soñar juntos, trabajar juntos, remar juntos y complementarnos mutuamente».
La convicción que fue emergiendo en Chicago es que precisamente ahí reside uno de los grandes dones que el Señor ha concedido al Regnum Christi: la posibilidad de responder a desafíos complejos mediante la riqueza complementaria de las distintas vocaciones y apostolados.

Mirar el futuro con esperanza
Al concluir el encuentro, los desafíos seguían siendo los mismos. Las estadísticas no habían cambiado. Tampoco habían desaparecido las preguntas que hoy plantea la realidad familiar.
Pero sí había cambiado algo. Había crecido la convicción de que el Regnum Christi cuenta con personas, experiencias y dones capaces de responder a estos desafíos con creatividad, esperanza y comunión.
El P. Adolfo Güémez regresó del encuentro con profunda confianza. «En todos los lugares donde me ha tocado participar en actividades de matrimonios, siempre encuentro parejas llenas de entusiasmo, de alegría y de un gran celo apostólico para ayudar a otros a alcanzar esa plenitud a través del sacramento del matrimonio».
Y añade: «Lo que más me impresiona es que todas son parejas normales, con problemas y dificultades, pero es precisamente a través de la fuerza del sacramento que alcanzan esa paz y esa esperanza para entregar a otros el mensaje de Cristo».
También Diana Villarreal salió de Chicago con una convicción renovada. «Me entusiasma mucho la idea de un cuerpo apostólico fuerte, vibrante y activo».
Y concluye: «Estamos llamados a construir un cuerpo apostólico fuerte, en salida, que lleve esperanza, contribuya a la misión de la Iglesia y responda a las necesidades de la sociedad. Al final, estamos llamados precisamente a eso: a formar apóstoles en salida y líderes cristianos que sirvan a la Iglesia y a la sociedad».
En Chicago quedó una certeza compartida. La pregunta ya no es únicamente qué está ocurriendo con el matrimonio y la familia en Norteamérica. La pregunta es cómo acompañar a las personas y a las familias en cada etapa de su camino, cómo abrazar también sus heridas y cómo hacerlo cada vez más unidos.
La respuesta que comenzó a abrirse paso durante estos cuatro días de oración, estudio y discernimiento se fue aclarando también: conocer la realidad sin miedo, salir al encuentro de las familias y aprender a caminar cada vez más como un solo cuerpo apostólico al servicio de la Iglesia y de la sociedad.



