María es búlgara, católica de rito bizantino; está casada con Marcelo Fiaes y ambos son misioneros permanentes desde hace 25 años. Son padres de tres hijos, el primero de ellos, ya en el cielo. En los últimos años, María se ha dedicado especialmente al estudio y al servicio del acompañamiento espiritual y de los ejercicios espirituales. Desde esta experiencia personal, familiar y apostólica, presenta tres realidades del Regnum Christi – Rise Up, los Ejercicios Espirituales en la vida ordinaria y el seminario Sponsus – como caminos para vivir la sanación, el discernimiento y la entrega desde el Sagrado Corazón.
Dilexit us (DN). Él nos amó para que pudiéramos amar. Solo contemplando el Sagrado Corazón de Nuestro Señor podemos vivir nuestra afectividad como un don divino. Dice el texto del Papa:
«En realidad, hay un triple amor que se contiene y nos deslumbra en la imagen del Corazón del Señor. Ante todo, el amor divino infinito que encontramos en Cristo. Pero además pensamos en la dimensión espiritual de la humanidad del Señor. Desde ese punto de vista, el corazón “es símbolo de la ardentísima caridad que, infundida en su alma, constituye la preciosa dote de su voluntad humana”. Finalmente “es símbolo de su amor sensible”.
Estos tres amores no son capacidades separadas que funcionan de un modo paralelo o sin conexiones, sino que actúan y se expresan juntos y en un constante flujo de vida» (DN, 65-66).
De la misma manera, nuestra afectividad tiene aspectos físicos, psíquicos y espirituales que se encuentran en el corazón humano. Al vivir la relación con Dios, el amor divino recrea nuestra persona, nos ayuda a aprender la profundidad de lo que significa ser humanos, a dar nombre a nuestras emociones, afectos y sentimientos, a comprender nuestros deseos y pensamientos, y a discernir las mociones interiores para que podamos crecer en sabiduría, en edad y en gracia ante Dios y ante los hombres.
Rise Up, inmersión en el corazón divino
Rise Up es un apostolado que ofrece sanación, la búsqueda de identidad y el descubrimiento de la misión personal. A través de oraciones de estilo carismático, adoración, charlas y una experiencia de gozo, la persona vive afectivamente un sentido de liberación y de apertura a las bendiciones del amor de Dios. Los retiros se orientan también a suscitar el deseo de «reparar los corazones lastimados, allí donde se produjo el daño más profundo, la herida más dolorosa» (DN, 185).
Es una llamada para ambas partes: los intercesores y las personas que buscan libertad y amor a través del ministerio de sanación, porque solo mediante la inmersión en el Corazón divino pueden levantarse.
«Un espíritu de reparación “nos invita a esperar que toda herida pueda sanar, aunque sea profunda. La reparación completa parece a veces imposible, cuando las posesiones o los seres queridos se pierden permanentemente, o cuando determinadas situaciones se han vuelto irreversibles. Pero la intención de reparar y de hacerlo concretamente es esencial para el proceso de reconciliación y el retorno de la paz al corazón”» (DN, 186).
«De su corazón brotarán ríos de agua viva» (Jn 7, 38).

Ejercicios Espirituales en la vida ordinaria
Los Ejercicios Espirituales en la vida ordinaria son una respuesta al deseo de «conocer íntimamente al Señor» y de «mantener un diálogo» con Él, corazón a corazón (DN, 147).
«El corazón también es capaz de unificar y armonizar tu historia personal, que parece fragmentada en mil pedazos, pero donde todo puede tener un sentido» (DN, 19).
Precisamente a través de los Ejercicios, la persona aprende a sentir y a reconocer las mociones que se producen en el corazón. La afectividad es esencial para el discernimiento de la consolación y la desolación.
La contemplación de las tres maneras de humildad supone una fuerte purificación de la propia afectividad; pero también los ejercicios de las dos banderas – purificación del entendimiento – y de los tres binarios – purificación de la voluntad – tocan de manera decisiva la vida emocional del ejercitante.
«Ante el Corazón de Jesús vivo y presente nuestra mente comprende, iluminada por el Espíritu, las palabras de Jesús. Así nuestra voluntad se pone en marcha para practicarlas. Pero esto podría quedarse en una forma de moralismo autosuficiente. Sentir y gustar al Señor y honrarlo es cosa del corazón. Únicamente el corazón es capaz de poner a las demás potencias y pasiones y a toda nuestra persona en actitud de reverencia y de obediencia amorosa al Señor» (DN, 27).
Aquí está el Esposo. Seminario Sponsus
«Vemos así cómo se produce en el corazón de cada uno esta paradójica conexión entre la valoración del propio ser y la apertura a los otros, entre el encuentro tan personal consigo mismo y la donación de sí a los demás. Sólo se llega a ser uno mismo cuando se adquiere la capacidad de reconocer al otro, y se encuentra con el otro quien puede reconocer y aceptar la propia identidad» (DN, 18).
Este es el primer paso natural que corresponde al mandato: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Mt 22, 39).
Pero al entrar en el misterio sacramental del «matrimonio de tres», los esposos se encuentran con el Esposo, que les invita: «Amaos los unos a los otros como yo os he amado» (Jn 15, 12).
Esta invitación a entrar en la entrega trinitaria de sí mismos se expresa mediante el lenguaje simbólico de las actividades del seminario. Con el crecimiento de la intimidad emocional entre los esposos, y de ambos juntos con Dios, la pareja renueva aspectos profundos de su relación.
Estos tres ejemplos de dinamismo apostólico, nacidos del esfuerzo conjunto con otras realidades de la Iglesia, son signo de frescura espiritual y apostólica en el Regnum Christi, porque la afectividad es parte esencial del diálogo persona a persona, del acompañamiento, del sostenimiento y de la caridad fraterna.
Sacratísimo Corazón de Jesús, Dios santo, ¡abrázanos en Ti!
Foto de portada: Un retiro Rise Up en México, organizado por miembros del Regnum Christi



