¿Qué puede surgir cuando una degustación de vino se convierte en una conversación sobre la vida? En la región italiana de Emilia-Romaña, una iniciativa del Regnum Christi de Italia utiliza la cultura del vino para reunir a las personas, fomentar la convivencia y abrir espacios de reflexión sobre los desafíos cotidianos, los valores humanos y la fe.
Lo que comenzó como una intuición pastoral se ha convertido en una experiencia que congrega a jóvenes, jubilados, profesionistas y familias enteras alrededor de una mesa donde el vino es el punto de partida, pero nunca el destino final. Se trata de Percorsi DiVini.

Una puerta de entrada para quienes buscan algo más
La idea nació hace aproximadamente dos años, cuando el P. Carlos propuso aprovechar una iniciativa que Alessia y Giancarlo conocían bien por su formación como sumilleres: la extraordinaria capacidad del mundo del vino para convocar a personas muy distintas entre sí.
Ferias, degustaciones, encuentros temáticos y visitas a bodegas reúnen constantemente a miles de personas interesadas en aprender, compartir experiencias o simplemente disfrutar de un momento agradable. Cuando recibieron la propuesta, surgió la pregunta casi de inmediato: si el vino despierta tanto interés, ¿por qué no utilizarlo para abrir conversaciones que vayan más allá de una copa?
Detrás de la iniciativa hay una finalidad pastoral muy concreta: acercarse a las personas que normalmente no se interesan por temas éticos o religiosos y ofrecerles un espacio en el que puedan plantearse nuevas preguntas sobre la vida. El vino, en la cultura italiana, funciona como un punto de encuentro accesible y familiar, capaz de reunir a quienes quizá nunca asistirían a una charla formativa o a una actividad pastoral tradicional.

Al mismo tiempo, Percorsi DiVini busca presentar una imagen distinta de la vida cristiana. Alessia y Giancarlo reconocen que muchas personas asocian la fe únicamente con el sacrificio, el sufrimiento o la renuncia. Su propuesta también quiere mostrar otra dimensión: la alegría, la amistad, la belleza de compartir la mesa, la conversación sincera y la posibilidad de crecer junto a otros en un ambiente relajado y acogedor.
De la vid a la vida
Uno de los pilares de la iniciativa es el ciclo de encuentros Dalla Vite Alla Vita («De la vid a la vida»). Curiosamente, los propios organizadores reconocen que, al principio, eran escépticos ante la posibilidad de vincular el mundo del vino con reflexiones profundas sobre la existencia humana. Sin embargo, la preparación de los encuentros les permitió descubrir conexiones que no habían imaginado.
El terreno donde crece la vid, las condiciones climáticas, las dificultades de la vendimia o los tiempos de maduración ofrecen imágenes sorprendentemente cercanas a la experiencia de cualquier persona. El terreno se convierte en una metáfora del ambiente en el que se forma la vida moral; las dificultades de la cosecha recuerdan los desafíos que todos debemos afrontar; y la maduración del vino evoca el crecimiento personal que se construye día a día con paciencia y perseverancia.
Los encuentros se desarrollan en cuatro momentos. Primero, un sumiller introduce distintos aspectos de la enología, como los tipos de suelo, las técnicas de vinificación o los procesos de maduración. Después, el P. Carlos retoma esos mismos elementos para profundizar en cuestiones relacionadas con la vida cotidiana, la moral y la experiencia humana. La reflexión continúa durante una degustación guiada y culmina con un espacio de convivencia en el que los participantes pueden conversar libremente, compartir inquietudes y conocerse mejor.

La iniciativa también se ha ampliado a otras propuestas. Los Tour DiVini combinan visitas a santuarios, experiencias culturales y recorridos por bodegas; los Circoli DiVini reúnen pequeños grupos de amigos para dialogar sobre diversos temas; y los Ritiri DiVini ofrecen espacios de oración y meditación inspirados incluso en pasajes evangélicos en los que el vino tiene un papel significativo, como las bodas de Caná.
Una comunidad que crece alrededor de la mesa
Los frutos han superado ampliamente las expectativas iniciales. Los Tour DiVini suelen completar todos los lugares disponibles, mientras que los encuentros Dalla Vite Alla Vita han pasado de reunir a unas 30 personas en sus primeras ediciones a congregar cerca de 80 participantes.
Más significativo aún es que quienes asisten suelen regresar y traer consigo a familiares o amigos. De esta manera, la comunidad ha ido creciendo de forma orgánica, reuniendo a personas de edades, profesiones y trayectorias muy distintas. Para sus organizadores, esta diversidad demuestra que los temas abordados tocan experiencias universales con las que cualquiera puede identificarse.

Otro dato que les resulta especialmente revelador es la presencia constante de expertos en vino con conocimientos enológicos muy superiores a los suyos y con acceso habitual a degustaciones de alto nivel. Aun así, continúan participando en las actividades. Para Alessia Quaglio y Giancarlo Zatti, esto confirma que la atracción principal no reside únicamente en el vino, sino en la calidad humana de los encuentros y en la profundidad de las conversaciones que allí se generan.
Ese espíritu se hace visible incluso cuando las actividades terminan. Con frecuencia, los participantes permanecen en la sala mucho después de que concluye el programa. Conversan, ríen, intercambian experiencias y, de manera espontánea, ayudan a recoger las mesas y limpiar el lugar. Son gestos sencillos que hablan de un ambiente de gratitud, confianza y colaboración que sigue sorprendiendo a los propios organizadores.
Los testimonios recibidos refuerzan esa impresión. Algunos participantes han compartido que estos encuentros les han ayudado a encontrar una “nueva savia” en su vida personal, ofreciéndoles nuevas perspectivas para afrontar sus desafíos cotidianos. Para Alessia Quaglio, Giancarlo Zatti y el P. Carlos Blanco, L.C., ese es quizá el fruto más valioso de Percorsi DiVini: comprobar que una copa de vino compartida puede convertirse en el comienzo de un camino de encuentro, reflexión y crecimiento que continúa mucho después de que la velada haya terminado.



