H. Luis Alejandro Huesca Cantú, LC
In the name of the Father and of the Son and of the Holy Spirit.
Amen.
Christ, our King.
Thy Kingdom come!
Preparatory prayer (to put me in the presence of God)
Señor Jesús, te alabo y te bendigo porque eres tan bueno conmigo. Te pido que vengas a mi corazón. Derrama en él tu santa paz y tu divino amor. Sagrado Corazón de Jesús, confío en ti.
Gospel of the day (to guide your meditation)
Del santo Evangelio según san Lucas 19, 41-44
En aquel tiempo, al acercarse Jesús a Jerusalén y ver la ciudad, le dijo llorando: “¡Si al menos tú comprendieras en este día lo que conduce a la paz! Pero no: está escondido a tus ojos. Llegará un día en que tus enemigos te rodearán de trincheras, te sitiarán, apretarán el cerco, te arrasarán con tus hijos dentro, y no dejarán piedra sobre piedra. Porque no reconociste el momento de mi venida”.
Word of the Lord.
Meditate on what God tells you in the Gospel
El Evangelio de hoy nos invita a contemplar a un Dios que se ha hecho carne, que siente como nosotros sentimos y que también sufre como nosotros sufrimos. Hace unos años tuve la oportunidad de visitar el campo de concentración de Auschwitz-Birkenau. Era sábado. Amaneció nublado, pero parecía que el sol se iba a ir abriendo paso entre las nubes. Un grupo de jóvenes universitarios viajamos desde Cracovia durante 2 horas hasta el antiguo campo de concentración. Primero visitamos el campo de Auschwitz. Ahí, entramos al lugar donde murió San Maximiliano Kolbe, sacerdote polaco, que ofreció su vida para salvar la de un padre de familia.
Después, tomamos un pequeño autobús que nos acercó al inmenso campo de Birkenau. Era enorme. Cientos de barracas. Era impactante pensar que ahí, hace 80 años, miles de judíos entraban sin ser considerados personas dignas de ser amadas. La mayoría de ellos eran enviados directamente a las cámaras de gas. ¡Qué tristeza! ¡Cómo el hombre es capaz de hacer esto a sus propios hermanos! Al final del día, las nubes reclamaron su espacio. Se apretujaron sobre los campos de concentración y empezaron a llorar. El día terminaba con una lluvia que parecía gritar. De hecho, parecía que Dios lloraba. Sí, Dios lloraba, como en el Evangelio del día de hoy.
Dios también llora. Dios también sabe llorar. El Evangelio de hoy nos recuerda que Dios también llora ante el mal y ante los corazones que no se abren a su amor. Y si Jesús lloró, ¿por qué no lloramos también nosotros? Las lágrimas son de amor. Una madre llora porque ama a sus hijos, así de la misma manera Dios llora porque nos ama profundamente y no hemos respondido a su amor.
«Cada uno de nosotros tiene sus propias historias. Cada uno de nosotros tiene sus propios pecados. Y si no los recuerda, que piense un poco: los encontrará. Agradece a Dios si los encuentras, porque si nos los encuentras, eres un corrupto. Todos tenemos nuestros pecados. Miremos al Señor que hace justicia pero es tan misericordioso. No nos avergoncemos de estar en la Iglesia: avergoncémonos de ser pecadores. La Iglesia es la madre de todos. Agradezcamos a Dios que no seamos corruptos, que somos pecadores. Y cada uno de nosotros, mirando cómo actúa Jesús en estos casos, confíe en la misericordia de Dios. Y rece, confiando en la misericordia de Dios, pida el perdón». (S.S. Francisco, Homilía, 30 de marzo de 2020).
Dialogue with Christ
This is the most important part of your prayer, prepare yourself to talk with much love with the One who loves you.
Purpose
Propose a personal one. The one that involves the most love in response to the Beloved... or, if you believe that this is what God is asking of you, live what is suggested below.
El día de hoy puedes llamar a tus abuelos, para saludarlos y escucharlos. También puedes detenerte un momento con alguien que necesite ser escuchado y consolado.
Farewell
We thank you, Lord, for all your benefits, you who live and reign forever and ever.
Amen.
Christ, our King!
Thy Kingdom come!
Most prudent Virgin, Mary, Mother of the Church.
Pray for us.
In the name of the Father and of the Son and of the Holy Spirit.
Amen.


