La vocación laical encuentra uno de sus principales desafíos en la integración entre la fe y la vida profesional. Para Pepe Mateos, el trabajo no es simplemente un espacio donde el cristiano está presente, sino el lugar ordinario en el que Dios llama a cada persona a desarrollar su misión. Desde su experiencia de acompañamiento a jóvenes universitarios y profesionales en Chile y Argentina, comparte una convicción que atraviesa toda su labor formativa: la profesión es también una vocación y un camino de evangelización.
A lo largo de los últimos años, Pepe Mateos ha acompañado a cientos de jóvenes en procesos de formación, discernimiento y crecimiento apostólico. En ese recorrido ha constatado una inquietud recurrente: cómo vivir una relación auténtica con Cristo cuando gran parte de la vida adulta transcurre en el ámbito profesional.
«Muchos jóvenes que llegan a la etapa profesional se preguntan cuál es la manera de vivir su vida cristiana y seguir creciendo en su relación con Cristo cuando dedican lo mejor de su tiempo al trabajo», explica.
Ante esta realidad, considera que uno de los grandes desafíos de la Iglesia consiste en ayudar a descubrir la profunda relación entre la fe y el trabajo. Aunque los retiros, encuentros y actividades apostólicas siguen siendo espacios valiosos de crecimiento espiritual, insiste en que la misión del laico se desarrolla principalmente en las realidades temporales que integran su vida cotidiana.

La profesión como lugar de misión
Esta convicción inspira su labor en la Finis Terrae University. Desde la Vicerrectoría de Formación Integral, el objetivo no consiste únicamente en ofrecer actividades complementarias a la formación académica, sino en acompañar procesos de crecimiento personal que ayuden a los estudiantes a descubrir quiénes son y hacia dónde los llama Dios.
«Buscamos que los estudiantes no asistan sólo a actividades, sino que inicien caminos de crecimiento personal, desde lo más humano hasta lo más trascendente», señala.
El punto de partida es una visión antropológica cristiana que ayude a los jóvenes a plantearse las preguntas fundamentales sobre la vida, la identidad y el sentido de su existencia. Desde allí pueden integrar de manera armónica su desarrollo humano, profesional y espiritual.
Para Pepe Mateos, acompañar a los jóvenes en esta etapa implica ayudarlos a descubrir la belleza de la vocación laical. Más allá de las actividades apostólicas que puedan realizar, considera esencial que comprendan que el trabajo, la cultura, la economía, la educación y las demás realidades temporales constituyen el espacio propio en el que están llamados a hacer presente el Reino de Cristo.
«Hay un proceso apasionante de acompañar a los jóvenes a su paso de hacer apostolado a ser apóstoles», afirma. En su opinión, la profesión no es una dimensión separada de la fe, sino uno de los ámbitos privilegiados para vivirla y compartirla.

Formar apóstoles para transformar el mundo
Esta visión se refleja también en las misiones médicas impulsadas desde la pastoral universitaria. Durante los últimos años, el proyecto ha consolidado una red de colaboración con instituciones estatales y privadas que trabajan en comunidades de la Patagonia chilena.
Los estudiantes que participan siguen un proceso de preparación de al menos un año y muchos de ellos asumen posteriormente tareas de liderazgo y de formación para las nuevas generaciones de misioneros. El objetivo va mucho más allá de una experiencia de servicio puntual.
Entre los frutos más significativos, Pepe Mateos destaca el descubrimiento de la relación entre la profesión y la vocación. Los jóvenes aprenden que la misión cristiana no se limita a determinadas actividades pastorales, sino que puede vivirse plenamente en el ejercicio de su propia profesión.
«La misión principal no es ir a atender comunidades en necesidad, sino comprender que toda la profesión es, en sí misma, una vocación y una misión», explica.
Esta comprensión adquiere una fuerza especial entre los estudiantes del área de la salud, quienes descubren que su futuro ejercicio profesional puede convertirse en una auténtica forma de servicio y entrega a los demás.
Desde esta perspectiva, la Doctrina Social de la Iglesia ofrece un marco para integrar la fe y la vida. La promoción de la dignidad de la persona, la solidaridad, la subsidiariedad y la búsqueda del bien común dejan de ser conceptos abstractos para convertirse en criterios concretos que orientan el trabajo cotidiano y la presencia cristiana en la sociedad.

ARCA y Vocare: acompañar la vocación de los jóvenes profesionales
La necesidad de seguir acompañando a los jóvenes una vez concluida la etapa universitaria ha dado origen a iniciativas como ARCA, en Chile, y Vocare, en Argentina. Aunque Pepe Mateos ha colaborado en ambos proyectos, subraya que han surgido gracias al impulso y al compromiso de jóvenes del Regnum Christi que buscan responder a los desafíos de la evangelización en el ámbito profesional.
ARCA ofrece un espacio donde los jóvenes profesionales pueden seguir creciendo en sus vidas espirituales, comunitarias y apostólicas. A través de encuentros periódicos, se abordan temas relacionados con la identidad personal, la vida afectiva y la vida profesional, tres ámbitos que ocupan un lugar central en esta etapa de la vida.
Por su parte, Vocare propone un curso certificado por la Universidad Finis Terrae, centrado en la vocación y la misión del laico en el ámbito laboral. Mediante distintos módulos, los participantes profundizan en la identidad laical, el sentido cristiano del trabajo y las implicaciones prácticas de vivir la fe en diversos entornos profesionales.
Para Pepe Mateos, estas iniciativas encuentran su fortaleza en la vida comunitaria. Por eso, destaca la importancia de que nazcan y se desarrollen en las secciones del Regnum Christi, donde reciben acompañamiento, formación y una identidad apostólica compartida.

Al reflexionar sobre los desafíos actuales, vuelve una vez más al núcleo de su mensaje: la necesidad de que los laicos descubran la grandeza de la misión que nace de su bautismo. A su juicio, los cristianos están llamados a hacer presente a Cristo en todos los ámbitos de la sociedad y a colaborar activamente en la transformación de las realidades temporales según el Evangelio.
«Los laicos no nos sentimos ajenos a ninguna realidad temporal: política, economía, sociedad, familia, justicia o comunicación», afirma.
Con esa convicción, anima a los jóvenes a confiar en la gracia de Dios, a abrazar plenamente su vocación y a asumir con esperanza la responsabilidad de ser presencia viva de Cristo en el mundo. «No tengamos miedo de asumir esta misión, de salir a transformar el mundo con el amor de Cristo».



