Regnum Christi International

The three effects of the sacrament of marriage: grace, building up the Church, and worship of God

La teología católica afirma la eficacia salvífica del sacramento del matrimonio. Marcelo Fiães, Misionero Permanente, explica sus tres efectos esenciales: la gracia, la edificación de la Iglesia y el culto a Dios.
The three effects of the sacrament of marriage

La teología católica, en su esfuerzo por explicar los sacramentos, ha concentrado su atención en la gracia específica de cada uno de ellos. En el caso del sacramento del matrimonio, no fue un camino fácil y hubo periodos de la historia en los que algunos dudaron de la existencia de una gracia propia del séptimo sacramento. Se reconocía el signo, la imagen, pero no su eficacia salvífica. Resultaba difícil comprender cómo el matrimonio, tan ligado a la vida en este mundo, podía comunicar la gracia salvífica; es decir, cómo podía ser, en sí mismo, un lugar teológico de santificación.

Gracias a Dios, la teología católica hoy es unánime en afirmar la fe en la eficacia salvífica del sacramento del matrimonio; esto es, que el matrimonio comunica eficazmente la gracia salvífica que Jesucristo nos ha dado en la cruz. Y esto está claramente enseñado por el Magisterio.

Pero es importante recordar que la gracia no es el único efecto del sacramento del matrimonio. Muchas veces, en nuestras catequesis o en el ámbito de la preparación de los esposos para el sacramento, se enfatiza el efecto de santificación mediante la gracia, dejando en segundo plano los otros dos efectos: la edificación de la Iglesia y el culto a Dios. Estos dos últimos son igualmente importantes y conviene que quienes se casan los comprendan.

¿Qué es un sacramento? Es una acción de la Iglesia, animada y movida por el Espíritu Santo, que la hace capaz de participar realmente del misterio pascual de Jesús, es decir, del misterio de nuestra redención y de la redención del mundo. Participando en la acción de la Iglesia — precisamente porque se es miembro vivo de este Cuerpo, el Cuerpo de Cristo — el fiel coopera realmente (pues se trata de una acción: es una “co-operación”) a la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. Así, todos los efectos de la Pasión de Cristo se actualizan en cada sacramento: sobre nosotros mismos, sobre aquellos por quienes ofrecemos nuestra acción y sobre el mundo entero. Esto sucede siempre que actuamos conscientemente en los ritos litúrgicos, queriendo hacer con la Iglesia aquello que la Iglesia hace.

El sacramento del matrimonio no es una excepción. Los esposos, conscientes de actuar con la Iglesia y de querer hacer lo que ella quiere hacer — esto es, configurarse con Cristo Esposo, que da la vida por su Esposa, entregando su propio cuerpo una vez para siempre — realizan sobre sí mismos, sobre la Iglesia y sobre el mundo los efectos de la Pasión.

¿Cuáles son estos efectos? El primero es la gracia, es decir, el perdón de los pecados y la vida de amor consecuente con la Santísima Trinidad. El segundo es la edificación de la Iglesia. En la cruz y en cada sacramento, la Iglesia renace y se regenera de la sangre y del agua que caen de su Sagrado Corazón, traspasado por amor. En el sacramento del matrimonio, esto se concreta en la consagración de una verdadera iglesia doméstica, que se funda en la alianza de los esposos con Cristo en su Espíritu Santo. La intención de la Iglesia es formar esta comunidad de vida y amor en Cristo. Una comunidad de vida y amor, animada por el Espíritu Santo y unida al Cuerpo de Cristo, es una pequeña iglesia. Nosotros, que ayudamos a las parejas a prepararse para el matrimonio sacramental, debemos explicar que formar una iglesia doméstica significa querer hacer aquello que la Iglesia quiere hacer — y hace, porque es eficaz — en la celebración del sacramento. Esto supone explicar bien qué es la Iglesia, cuál es su misión, qué significa ser Iglesia y la relación esencial e indisoluble que debe existir entre la Iglesia “grande” y aquella pequeña iglesia que son las familias cristianas.

El tercer efecto de cualquier celebración sacramental es dar culto al Padre, por medio del Hijo, en el Espíritu Santo. Es decir, toda acción sacramental tiene por fin dar culto a Dios. También la acción sacramental del matrimonio tiene como fin essential el culto a Dios. Esto significa que el fin de la celebración sacramental del matrimonio es el culto a Dios y, por tanto, que el fin de la vida matrimonial en Cristo es dar culto a Dios. Si hemos dicho antes que es intención de la Iglesia consagrar a los esposos para que puedan formar una verdadera Iglesia doméstica, aquí encontramos la razón fundamental de esta intención: Dios debe ser amado siempre y en todo lugar, especialmente donde se da la vida. Si, como Iglesia, hemos sido convocados como su Pueblo, es porque este Pueblo es sacerdotal. Ciertamente, los laicos casados no son llamados al sacerdocio ordenado y ministerial, pero sí a la unión — a su manera — con el sacerdocio eterno de Cristo. Y en el caso del matrimonio, el modo propio es ejercer la ministerialidad de padre y madre, de marido y mujer. Es una ministerialidad propia en el sentido de que ningún otro miembro de la Iglesia está llamado a esta forma de culto a Dios.

Es importante hacer conciencia a quienes se preparan para el sacramento del matrimonio de que celebrarlo en Cristo significa hacer de la propia vida un culto agradable a Dios.

Imagen de portada: Familia Unida Internacional


The three effects of the sacrament of marriage

Conoce el ensayo «La vida matrimonial en el Regnum Christi. Haciendo presente el Reino», una respuesta a los signos de los tiempos.

Share the news

All the latest news every week
in RC News

Scroll to Top

Recieve the Noticiero RC
and in only 5 minutes catch up on the latest news from Regnum Christi International.