H. Sergio Rodriguez, L.C.
In the name of the Father and of the Son and of the Holy Spirit. Amen.
Christ, our King, Thy Kingdom come!
Preparatory prayer (to put me in the presence of God)
Dame tu gracia para convertirme en la planta que Tú quieres que sea. Yo pondré mi tierra para que con tu sol pueda crecer grande y fuerte y así los pájaros puedan anidar en mí.
Gospel of the day (to guide your meditation)
From the Holy Gospel according to Mark 4:26-34
At that time, Jesus said to the crowd: “The Kingdom of God is like what happens when a man sows seed in the ground: the nights and days go by, and without his knowing how, the seed germinates and grows; and the earth, by itself, produces the fruit: first the stalks, then the ears, and then the grains in the ears. And when the grains are ripe, the man takes up the sickle, for the time of harvest has come”.
And he said to them, “To what shall we liken the kingdom of God, and by what parable shall we speak of it? It is like a mustard seed, which, when it is sown, is the smallest of seeds; but when it is sown, it grows into the largest of shrubs and puts forth branches so large that birds can nest in its shade.”.
And with many other such parables he was expounding his message to them, according to what they could understand. And he spoke to them only in parables; but to his disciples he explained everything privately.
Word of the Lord.
Meditate on what God tells you in the Gospel
Toda planta necesita tiempo para crecer, poco a poco va hacia arriba y se comienza a ver el fruto que se espera. Es un proceso complejo, el crecimiento de una planta que pasa de ser una semilla a un ser viviente. Sin saber cómo crece sigue la «misión» para la que está hecha, su propósito en la vida. La planta sigue su rumbo y crece, si la dejamos crecer porque la podríamos aplastarla y matarla desde un inicio.
Dios quiere entrar en nuestra vida, como una planta, en nuestra cuarto, lo tenemos que aceptar, no puede entrar solo. Cuando aparecen los frutos sabemos que ha sido una buena planta o árbol y que podemos disfrutar de lo que haya producido, la podamos para que siga dando más y la apreciamos porque nos ha sido de utilidad.
En este punto nos podemos preguntar ¿cuál es el fruto del reino de Dios por el que nos quedamos con la «planta»? La paz interior que es uno muy importante, aunque no es el único. Todos deseamos tener paz y haciendo las acciones que nos la otorgan, nos sentimos felices y podemos decir que hemos realizado lo que Dios quiere de nosotros también. Con esta paz nos sentimos bien con nosotros mismos y podemos estar bien con los demás. En cierto sentido es el primer paso de la plenitud de la vida cristiana, nos capacita para amar a nuestro prójimo de manera desinteresada.
«Jesús compara el Reino de Dios con un grano de mostaza. Es una semilla muy pequeña, y sin embargo se desarrolla tanto que se convierte en la más grande de todas las plantas del huerto: un crecimiento imprevisible, sorprendente. No es fácil para nosotros entrar en esta lógica de la imprevisibilidad de Dios y aceptarla en nuestra vida. Pero hoy el Señor nos exhorta a una actitud de fe que supera nuestros proyectos, nuestros cálculos, nuestras previsiones. Dios es siempre el Dios de las sorpresas. El Señor siempre nos sorprende. Es una invitación a abrirnos con más generosidad a los planes de Dios, tanto en el plano personal como en el comunitario. En nuestras comunidades es necesario poner atención en las pequeñas y grandes ocasiones de bien que el Señor nos ofrece, dejándonos implicar en sus dinámicas de amor, de acogida y de misericordia hacia todos.» (Ángelus de S.S. Francisco, 17 de junio de 2018).
Dialogue with Christ
This is the most important part of your prayer, prepare yourself to talk with much love with the One who loves you.
Purpose
Propose a personal one. The one that involves the most love in response to the Beloved... or, if you believe that this is what God is asking of you, live what is suggested below.
Compartir esta meditación con alguien que conozca.
Farewell
We thank You, Lord, for all Your benefits, You who live and reign forever and ever.
Amen.
Christ, our King!
Thy Kingdom come!
Most prudent Virgin, Mary, Mother of the Church.
Pray for us.
In the name of the Father and of the Son and of the Holy Spirit. Amen.


